¿Nota de 12,22 para Medicina? Mientras, se importan médicos a paladas
¿Qué ocurre cuando la nota de corte para entrar en Medicina en España supera el 12,22 sobre 14 y, al mismo tiempo, el sistema sanitario importa médicos extranjeros por miles? El cortocircuito es perfecto: los jóvenes españoles se quedan fuera de la carrera por décimas mientras las comunidades autónomas contratan facultativos formados en el extranjero para tapar agujeros.
La noticia que ha reabierto el debate es de finales de mayo de 2026: el artículo de Olga R. Sanmartín y Alberto Hernández en El Confidencial/La Vanguardia revelaba que el 70% de las carreras sanitarias públicas exigen un 10 o más para entrar, y que faltan 15.000 plazas públicas en las carreras científicas. La gota que colmó el vaso fue el caso de Bárbara Font, una alumna de 2º de Bachillerato de Madrid con un 8,2 que no sabe si podrá estudiar Psicología. Pero el foco está en Medicina, donde la nota de corte ha escalado hasta 12,22 (que, corregido sobre 14, equivale a un 7,14 sobre 10, como apunta algún análisis).
El embudo de las notas: más demanda, mismas plazas
El problema no es nuevo, pero se agrava cada curso. La demanda de plazas de Medicina crece porque la profesión sigue siendo vista como un salvoconducto hacia un buen salario y estabilidad laboral. Sin embargo, el número de plazas públicas no crece al mismo ritmo. Se argumenta que los colegios de médicos han limitado históricamente la oferta para mantener el estatus, y que el sistema universitario prioriza carreras de menor coste. El resultado es que estudiantes con expedientes brillantes (notas que hace tres décadas habrían sido de ensueño) se quedan fuera.
Y el MIR tampoco es un filtro de excelencia: se recordó en el debate que la última plaza del MIR la obtuvo alguien con un 17% de respuestas correctas en el examen. Dato que invita a preguntarse si el problema no es de capacidad, sino de número de plazas.
Importar médicos mientras se exportan estudiantes
Mientras los jóvenes españoles se topan con el 12,22, las comunidades autónomas recurren a médicos formados en Latinoamérica y otros países para cubrir las carencias del sistema público. La paradoja no escapa a nadie: se dificulta el acceso a los nacionales y se facilita la convalidación de títulos extranjeros. Al mismo tiempo, una corriente creciente de estudiantes españoles opta por estudiar Medicina en Italia (donde solo exigen el ISAT), Rumanía o universidades de América Latina. Algunos incluso barajan el “hack” de cursar la carrera en el extranjero y convalidar después en España, un camino que ya se usa para permisos de conducir.
El cierre del círculo es aún más irónico: muchos de los que logran entrar en Medicina acaban emigrando a países con mejores condiciones laborales. Así que España forma médicos de élite (los que superan la barrera) que luego se marchan, mientras importa otros para cubrir las plazas vacantes.
Un sistema que nadie parece querer arreglar
¿Intereses creados? Algunos apuntan a que la falta de plazas no es casual: mantener la escasez protege los salarios de los médicos en ejercicio y da cobertura a la importación de profesionales, a menudo con condiciones laborales más precarias. Otros señalan que el verdadero problema es la falta de inversión pública en universidades y la rigidez del sistema de numerus clausus.
Lo cierto es que, mientras los políticos autonómicos no aumenten las plazas públicas y se siga poniendo el listón en el 12,22, la sangría continuará. Y al final, el paciente que acude a Urgencias se encontrará con un médico formado en Guayaquil o con un español que logró colarse en una privada. El sistema es tan coherente como un diagnóstico escrito con dos recetarios distintos. Ironías del destino: los que más se esfuerzan tienen que hacer las maletas para poder estudiar, y los que vienen de fuera a menudo hacen el trabajo que los de aquí ya no quieren o no pueden hacer. Y mientras, el 12,22 sigue ahí, como un muro que separa a los que pueden pagarse una privada o un billete de avión de los que no.