Felipe VI gasta 70.000 euros en un coche mientras el país no puede estrenar
Felipe VI ha estrenado un vehículo valorado entre 70.000 y 75.000 euros, según la información publicada por El Debate. La noticia ha caído en plena cuesta de enero, con los hogares recortando gastos y la compra de un coche nuevo convertida en un lujo para la mayoría. La pregunta salta sola: ¿con qué dinero?
El malestar se concentra en tres argumentos. El primero, el precio: 70.000 euros (o 75.000, según la fuente) para un capricho sobre ruedas. El segundo, el consumo: 9 litros a los 100 kilómetros, cuando un utilitario antiguo se conforma con 5. El tercero, el origen de los fondos: la compra se habría cargado al presupuesto de la Casa Real, es decir, a los impuestos de todos.
¿Austeridad o privilegio?
Hay quien defiende la operación señalando que, comparado con el Super Puma o el Falcon, el coche es un ejercicio de moderación. Otros apuntan que quizá la marca se lo ha regalado a cambio de publicidad. Y no falta el argumento de que el vehículo se fabrica en España, un detalle que algunos consideran un espaldarazo a la industria nacional.
El bolsillo del españolito
Pero el contraste con la realidad de la calle es tan brutal que las justificaciones se quedan cortas. Mientras la mayoría estira la compra de un coche de segunda mano o alarga la vida de su viejo utilitario, la institución no parece pasar por las mismas estrecheces. La ironía se extiende: ¿para qué quiere un coche que apenas supera los 120 kilómetros por hora?
La polémica queda donde empieza: un gasto que para unos es inaceptable en tiempos de vacas flacas, y para otros, una compra defendible como apoyo a la fabricación nacional. Lo que nadie discute es que la brecha entre el ciudadano medio y la Casa Real no deja de crecer. Y un coche de 70.000 euros es, como mínimo, un mal símbolo.