Microcortes de wifi: la distancia al router, no los inhibidores
Un usuario lleva tiempo sufriendo microcortes en su red wifi doméstica. El cable va bien; el inalámbrico, no. Llamó varias veces a su operadora sin éxito. Un conocido le dio una explicación que suena a película: en su zona viven varias personalidades y, cada vez que pasan ellos o sus escoltas, los inhibidores de señal de los móviles tumban el wifi. Él mismo lo dudaba: su vivienda da a un patio de manzana enorme y le costaba creer que el inhibido llegara tan lejos y tan claro. La sospecha del inhibidor quedó ahí, sin pruebas, mientras el problema seguía sin resolverse.
Qué es un microcorte y cómo se diagnostica
Antes de culpar a nadie conviene medir. La primera recomendación técnica que aparece es hacer un ping al servidor DNS de Google (8.8.8.8) y contar cuántos paquetes se pierden y cada cuánto. Ese dato separa dos averías muy distintas: si se corta el ping al router (192.168.1.1) y también el de internet, el problema está en el wifi; si solo se corta el segundo, el fallo está en la conexión de fibra. Sin esa prueba, cualquier teoría —incluida la de los inhibidores— es humo.
Para el wifi hay herramientas concretas: InSSIDer en Android, Dumpper en Windows o airodump en Linux. Todas muestran qué canales usan los vecinos y cuáles están saturados. La causa más habitual de microcortes no es un aparato misterioso, sino la acumulación de redes en el mismo canal.
El router que pone la operadora, principal sospechoso
La marca del equipo aparece en la conversación: ZTE. Y hay quien sostiene que el problema no tiene nada que ver con inhibidores, sino con que el router es una castaña que la operadora conoce y no corrige. La experiencia se repite con otras compañías: los microcortes aparecen con unos operadores y desaparecen con otros, lo que apunta al equipo o a la configuración, no a la calle.
El diagnóstico se complica porque el mismo usuario detecta el fallo también en 4G con el móvil, pero en otra comunidad autónoma. Eso desmonta la hipótesis local del inhibidor: si el problema viaja con el dispositivo o con la red, la causa es otra.
La solución que costó cero euros
Tras probar de todo, el usuario encontró el arreglo por la vía barata: acercar el AirPort —un punto de acceso antiguo que tenía— a las zonas donde la señal llegaba mal. El resultado fue inmediato. Pasó de microcortes constantes a valores estables de 50/50 Mbps en la banda de 5 GHz. Después compró un cable ethernet de 20 metros para llevar el punto de acceso aún más lejos, hasta unos 18 metros del router, y la mejora se consolidó. Cero euros en la primera fase; un cable en la segunda.
La conclusión es incómoda para quien esperaba una conspiración: el wifi no llegaba. No había inhibidores, había distancia y paredes. El AirPort es lento y no da para más de 100 Mbps, pero para un móvil o una tablet sobra.
Cable, canales y protocolos: lo que funciona
El consenso técnico que recorre toda la conversación es contundente: el cable es la auténtica salud. Para ordenadores, siempre ethernet. El wifi, para teléfonos y tabletas. Cuando no se puede tirar cable, existen enchufes que permiten empalmar tramos sin pérdida apreciable hasta 16-20 metros.
En configuración, tres ajustes resuelven la mayoría de los casos: poner el canal en automático o elegir el menos saturado, revisar el protocolo de seguridad (con equipos Apple, WPA2/AES; el WPA o TKIP da problemas serios) y comprobar que ningún vecino esté enganchado a la red, algo verificable con Wireless Network Watcher. Un router neutro de calidad, distinto al que impone la operadora, es la vía cuando el equipo de casa no da la talla.
El problema quedó resuelto acercando el punto de acceso. La teoría del inhibidor de las personalidades importantes nunca se comprobó. Y sigue sin explicarse por qué el mismo usuario tenía cortes en 4G a cientos de kilómetros de distancia.