Llados: el negocio de «vender humo» que pasa factura a sus seguidores
Un padre de familia, cuarentón, que según los relatos que circulan por internet habría dejado atrás a sus hijos después de escuchar a un gurú. La escena no es un caso aislado en el imaginario que rodea a
Llados, el creador de contenido que ha convertido el discurso del esfuerzo en un catálogo de cursos y mentorías. Su nombre se ha colado en artículos de opinión, en vídeos que prometen una infiltración y en conversaciones donde la palabra
secta ya no se pronuncia en broma. La predicción más repetida es también la más incómoda: esto no puede acabar bien.
¿Quién es Llados y de dónde sale su fortuna?
El retrato que más circula no es el del emprendedor que se hizo a sí mismo, sino el del hijo de una familia acomodada madrileña, colegio privado de unos
10.000 euros al año y una carrera de periodismo que no llegó a terminar. Según esa versión, el padre le dio la tarjeta y lo mandó a Estados Unidos, donde empezó a entrenar y a publicar marcas personales. Antes de la fama actual, su canal y su marca de merchandising se llamaban
Finger Nation.
El salto a la pasta, sostienen quienes lo siguen desde el principio, coincide con el abandono del chaval normal por el personaje de lujo: coches, relojes y una retórica cada vez más agresiva. La pregunta razonable no es si el personaje es auténtico, sino por qué funciona.
El método no es suyo: la sombra de Wes Watson
Una de las tesis que más se repite niega incluso la autoría del tinglado.
La secta Llados ni siquiera es una idea suya, sostienen: él sería un empleado más, con un modelo importado de
Wes Watson, un exconvicto al que se atribuye el repertorio de levantarse a las cinco, el
mindset, las vibras y los coches como prueba social. Sea cierto o no, el paquete llega empaquetado con precisión industrial.
De fondo hay una crítica más vieja: que el mensaje del esfuerzo, despojado de contexto, se convierte en una coartada moral. Si no consigues casa, coche y pareja es porque no te has esforzado lo suficiente. Y ahí entra la genética, la clase social y la suerte, tres variables que el relato del gurú prefiere no mirar.
Los damnificados y el daño económico
El punto donde el fenómeno deja de ser una anécdota estética es el dinero. Se cuentan casos de personas que habrían vendido negocios que funcionaban para financiar formaciones, y de padres que habrían roto su familia tras interiorizar las consignas. Las cuantías concretas de esas pérdidas no se conocen, y conviene tratarlas como lo que son: testimonios sin confirmación judicial.
Lo llamativo es el perfil. No son solo adolescentes: hay treintañeros y cuarentones enganchados a la productividad, el alto valor y el estoicismo de manual. La promesa de la mejor versión de uno mismo engancha a cualquiera con la autoestima justa para creer que le falta poco.
¿Por qué se critica tanto a Llados?
El goteo de reproches se ha convertido en un género propio. Por un lado están los vídeos que se venden como infiltración y acaban siendo una lectura de mensajes públicos ya conocidos, con análisis que no añaden nada que no se encuentre en diez minutos de redes. Por otro, los artículos de opinión: el de
Antonio Maestre se ha citado como resumen de la doctrina, y de fondo aparece la comparación recurrente con
Jordan Peterson, con la diferencia de que a este último un participante le reconocía formación académica.
La crítica honesta no discute que Llados sepa vender. Discute que venda algo que exista.
Las predicciones: de la ruina al desenlace violento
Aquí el tono cambia. La previsión dominante no es que el asunto termine en los tribunales, sino algo peor: que alguno de sus seguidores, arruinado, se tome la justicia por su mano o acabe con su vida. Son escenarios que los participantes lanzan sin prueba alguna y que solo pueden leerse como hipótesis sin respaldo.
Hay un dato menos espectacular y más significativo. Un forero cuenta que un psicólogo vinculado a servicios sociales le habría descrito que los profesionales del ramo están alarmados por el estado mental de los jóvenes que salen de estas dinámicas. Conviene tratarlo como un testimonio de segunda mano, no como un dato confirmado.
El dato que descoloca
Con todo el ruido, con los artículos y los vídeos, resulta que las visitas del personaje en redes habrían caído. Algunos lo leen como agotamiento del personaje. Otra lectura encaja mejor: el modelo no necesita una audiencia fiel, solo un flujo constante de novatos dispuestos a pagar una vez.