Precios de entrada del Ibex: 27 valores esperando el derrumbe
En julio de 2020, con las bolsas rebotadas a fuerza de impresoras, un inversor decidió no comprar nada. Fijó por escrito 27 precios de entrada para empresas españolas —casi todos calcados de los mínimos de marzo de ese mismo año— y se sentó a esperar el colapso. A finales de 2020 su cartera entera eran dos valores:
65 acciones de Red Eléctrica a 15 euros (985 euros) y
60 de Enagás a 18 euros (1.090). Ese es todo el capital desplegado.
La tesis de fondo no es original: sostiene que la economía financiera se ha despegado de la real y que la caída es inevitable. Lo singular es el método. Paquetes de 500 a 1.000 euros, promediando a la baja, stop-loss mínimo del 15% cuando el valor sube y, sobre todo, una lista de precios que funcionan por descarte. Y un detalle doméstico: broker ING, solo Ibex, cero apalancamiento, cero criptomonedas, cero materias primas.
Los 27 precios de entrada que copian los mínimos de marzo
La lista mezcla valores muy distintos:
Iberdrola a 8 euros, Enagás a 18, Red Eléctrica a 14, Aena a 90, Inditex a 18, Repsol a 6, Naturgy a 15, Mapfre a 1,25, Santander a 1, BBVA a 2, IAG a 1,25, Cellnex a 20, ACS a 11, Ferrovial a 10, Acciona a 50 o Airbus a 39, entre otros. La mayoría son redondeos de los mínimos de marzo, y ahí está la trampa: no son precios de compra, son precios de espera. Muchos no llegarán jamás.
El aguante del que espera se mide en años. En Naturgy el objetivo está en 14 euros, pero el mínimo de marzo fue 13,8; en 2009 el valor cayó hasta 9,82 y en 2012 hasta 8,77. Quien fija su entrada con esa perspectiva no tiene prisa. Tiene, más bien, paciencia de cazador.
La regla del 10%: precios para descartar, no para comprar
El sistema tiene tres principios y el tercero es el que lo separa de casi todo lo demás. Primero, disciplina: solo se entra al precio previsto con un margen del 10%. Si Iberdrola vale 8 euros como referencia, por encima de 8,80 no se toca, caiga lo que caiga. Segundo, zona gris: entre 8 y 8,80 la entrada se piensa revisando tendencia y datos. Tercero:
caer por debajo del precio no obliga a comprar. «Que una acción caiga por debajo de los precios marcados no significa automáticamente que vaya a entrar», resume el autor del plan.
El resultado es un sistema que funciona por exclusión. Por encima del umbral no se entra nunca; por debajo, puede que sí, según circunstancias, cantidad y plazos. En septiembre de 2020 Repsol cayó por tercera vez por debajo del límite del 10% y no se compró ni una acción. Otros seis valores rondaban el 20% de margen respecto a sus objetivos.
¿Por qué solo acciones españolas?
Porque el plan es de aprendizaje y va por fases. La hoja de ruta declarada pasa por el Ibex primero, después bolsas europeas en euros, luego Estados Unidos y Reino Unido, más tarde Asia y, solo al final, materias primas como el petróleo. La guía que acompaña al plan avisa de que querer comprar valores chinos sin conocer la realidad económica de China es una potencial metedura de pata monumental, con un recordatorio incómodo: lo que se gana en otra divisa se puede esfumar con el tipo de cambio.
Hay una excepción que confirma la regla: Coca-Cola European Partners, embotelladora que cotiza en España, Reino Unido, Países Bajos y Estados Unidos, con un
PER de 15,97. Un aviso recibido durante el seguimiento la deja en cuarentena por sus ampliaciones de capital.
El stop-loss que saltó justo antes del dividendo
Aquí está la herida abierta del plan. Cuando Enagás subió a 20,8 euros y Red Eléctrica a 17,1, desde entradas de 18,5 y 15, se colocaron stop-loss ligeramente por encima del precio de compra para cubrir comisiones. El de Enagás saltó justo antes del reparto de dividendo. Fuera de la posición, con plusvalías de unos céntimos y la sensación de haber sido barrido por manos más rápidas.
La reacción fue quitar el stop y volver a entrar en Enagás a 18 euros. Otros inversores se partieron: unos sostienen que un stop-loss en una empresa de dividendo a largo plazo es un sinsentido que te expulsa del activo en el peor momento; otros lo defienden como disciplina de riesgo. La respuesta más repetida apunta en la misma dirección: en valores sólidos y estables, la volatilidad es ruido, y quien vende por ruido paga a Hacienda y al bróker sin motivo.
Bancos, Cellnex y Grifols: los descartes
Santander, BBVA e IAG quedan fuera del radar inmediato por un motivo concreto: se les adivinan ampliaciones de capital significativas. «Si lo hago será a precios de derribo», admite el autor del plan. Cellnex genera más desconfianza todavía: además de las ampliaciones, reconoce que un informe le da auténtico pavor. Grifols, pese a que el negocio gusta, queda descartado por la orientación política de su cúpula.
El sesgo tiene coste. En otoño de 2020 varios valores perforaron los mínimos de marzo —banca, IAG, Indra—, pero pertenecen a sectores que el plan no quiere tocar. La disciplina protege del error y también deja pasar oportunidades. No todos los mensajes son amables: hay quien considera una pérdida de tiempo tener menos de 2.000 euros invertidos tras un año de estrategia.
Dos mil euros en medio año: el balance
Entre la teoría y la ejecución hay un abismo que el propio autor reconoce. «Obviamente sé que varios de estos mínimos seguramente nunca se den», admite. Si eso ocurre, no comprará. Si el Ibex se hunde en 2021, 2022 o 2023, irá entrando por tramos. Mientras tanto, el dinero quieto no quema, y de eso va todo esto.
Veintisiete precios fijados, cinco meses de plan y 2.075 euros en dos valores. Para un plan que aspira a una cartera de dividendos completa, la cifra explica mejor que ningún argumento dónde está el verdadero riesgo de esperar al gran derrumbe: que el derrumbe no llegue a los precios que uno mismo se ha impuesto.