El meteotsunami que la agenda política ignora
El mar se retiró en las playas de Elche, Santa Pola, Ibiza y Menorca. Los bañistas vieron cómo el agua desaparecía de repente, dejando arena al descubierto y un silencio incómodo. El fenómeno tiene nombre —meteotsunami— y una explicación física que mezcla presión atmosférica, temperatura del agua y ciclo lunar. Pero mientras la conversación pública se centra en la política, nadie evalúa el impacto económico que un evento así puede tener en la costa mediterránea.
Un fenómeno meteorológico, no sísmico
A diferencia de un tsunami clásico, el meteotsunami no lo provoca un terremoto, sino una perturbación de presión atmosférica que empuja la masa de agua. En el Mediterráneo, el agua está más caliente de lo habitual, lo que genera un “abultamiento” del volumen que amplifica el efecto. El ciclo lunar, con un periodo de unos 18 años, añade el componente gravitatorio. Ya hubo un episodio en 2017, y los modelos apuntan a una ventana crítica durante la década de 2030, con mareas que podrían provocar inundaciones en las costas.
Del turismo al ladrillo: lo que está en juego
La costa levantina y balear concentra una parte esencial del PIB turístico español. De Alicante a Peñíscola, pasando por Benidorm, Altea, Denia, Gandía o Cullera, la economía depende del atractivo de sus playas. Quienes quitan hierro al asunto argumentan que el Mediterráneo es un mar pequeño, con islas y pantallas naturales que lo protegen, y que ciudades como Alicante o Benidorm están construidas sobre terreno inclinado. Pero la zona de San Juan, a nivel del mar, quedaría expuesta. El consenso es frágil, y la incertidumbre no se traduce en primas de seguro ni en planes urbanísticos.
Mientras tanto, el meteotsunami apenas duró unos minutos en los informativos. La gente volvió al agua, el ladrillo sigue vendiéndose a metros de la orilla y las aseguradoras no actualizan sus mapas de riesgo. El dato que descoloca: el mar ya se ha retirado varias veces en los últimos años. La próxima retirada podría ser un simple susto, o el preludio de algo que nadie quiere asegurar.