Messi, Princesa de Asturias 2026: el premio que reabre el debate fiscal
Lionel Messi ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026. El jurado, presidido por Teresa Perales, destacó su "deslumbrante talento" y su "labor solidaria". Pero el anuncio ha reavivado una incomodidad: el astro argentino fue condenado en firme por defraudar 4,1 millones de euros a Hacienda entre 2007 y 2009.
La condena, ratificada por el Tribunal Supremo en 2017, le costó 21 meses de prisión (no ingresada) y una multa. Mientras, el palmarés del futbolista suma 47 títulos. La paradoja es evidente: el mismo Estado que le premia es el que le sentenció por ocultar ingresos de derechos de imagen.
La comparación con Lance Armstrong, premiado en 2000 y desposeído tras su escándalo de dopaje, planea sobre la decisión. Sin embargo, el reglamento de la Fundación Princesa de Asturias no contempla la revocación por delitos fiscales, a diferencia del dopaje. El precedente de Armstrong, despojado por la UCI, no es trasladable.
Detrás del debate subyace una pregunta incómoda: ¿puede separarse el mérito deportivo de la conducta fiscal de un deportista? En un país donde la presión fiscal sobre las rentas altas es un tema recurrente, el premio a Messi choca con la percepción de que ciertos contribuyentes —famosos y con recursos— se benefician de un trato desigual. El dato es tozudo: 4,1 millones de euros que debían haber ido a las arcas públicas y que el futbolista ocultó mediante una trama societaria. La labor solidaria que el jurado ensalza no borra ese agujero.
A la espera de que la Fundación aclare si el premio podría estar sujeto a alguna cláusula de conducta, el gesto deja un regusto agridulce: el mejor jugador del mundo, también condenado por fraude, recibe la máxima distinción del deporte español. La corona, como ironizó un analista, ha quedado para otro tipo de debates.