Las acusaciones de dopaje hormonal que salpican la leyenda de Messi
Lionel Messi, considerado por muchos el mejor futbolista de la historia, afronta desde hace años acusaciones que ponen en duda la legitimidad de su carrera. Un debate reciente ha recuperado la teoría de que su éxito se debe a una manipulación hormonal durante la adolescencia que habría sido ilegal, conectándola con los casos de corrupción en la FIFA y el patrocinio de Adidas.
Según esta corriente, el tratamiento de hormona de crecimiento que Messi recibió de niño no se limitó a corregir un déficit médico, sino que se habría prolongado para potenciar artificialmente su rendimiento. Se citan además las conexiones del entorno del jugador con Ángel Villar, José María Enríquez Negreira, Sepp Blatter y Gianni Infantino, en un entramado que algunos califican de “atraco” institucional.
Sin embargo, el tratamiento de Messi con hormona de crecimiento fue público y financiado por el FC Barcelona, sin que nunca se demostrara irregularidad. Las acusaciones chocan con la falta de pruebas concluyentes y con una carrera que ha superado todos los controles antidopaje oficiales.
La polémica se reavivó con la reciente publicación de imágenes que, según algunos, muestran a Messi antes del tratamiento, aunque sin contexto médico que las respalde. Lo que sí es cierto es que el ecosistema de corrupción en el fútbol español —con el caso Negreira como máximo exponente— alimenta cualquier sospecha sobre los grandes nombres del deporte.
¿Qué hay de cierto?
Hasta la fecha, no existe ninguna sanción ni investigación abierta contra Messi por dopaje. Las acusaciones se mueven en el terreno de la especulación, pero el hecho de que recojan nombres del calado de Villar o Negreira les da una persistencia que el relato oficial no logra disipar. A la espera de que nuevas informaciones arrojen luz, el debate sobre si el mejor jugador del mundo es una construcción artificial sigue abierto.
Lo que parece claro es que esta sombra no desaparecerá mientras el fútbol no limpie su propia casa.