La paradoja del eclipse: pagar por ver nubes cuando la meseta estaba despejada
Lo dice la anécdota que circula estos días: un conductor salió a toda prisa rumbo a León y acabó viendo el fenómeno desde la autopista. En la meseta, centenares de kilómetros de llanura despejada a precio cero. En Asturias, el destino elegido por muchos, se encontraron con el cielo nublado y un paisaje rodeado de montañas. La geografía no entiende de postureos.
El coste de la decisión no fue solo meteorológico. Quienes reservaron noche en el Principado pagaron precios de oro por la habitación. Quienes se quedaron en Valladolid, Medina del Campo o La Sagra disfrutaron de un espectáculo “impresionante” con el único gasto de una cena a buen precio y sin hacinamientos. Hay argumentos para llamarlo lección de economía de la experiencia: el consumo visible gana al cálculo racional.
El precio del postureo en la España vacía
La meseta, con su patrimonio histórico, sigue sin ser “cool”. Muchos necesitan la fotito de rigor en la playa, aunque el sol se oculte tras las nubes. El resultado: estampidas hacia la costa en busca de una instantánea, mientras los que se quedan en casco urbano ven el cielo entero. La decisión individual es libre; la generalización, un derroche.
Queda la pregunta abierta: ¿cuánto vale una foto si ya no tiene sol?