La “Merienda de bollos” que destapó la misoginia digital
Diez mensajes han bastado para mostrar el nivel de violencia verbal contra las mujeres en los espacios digitales. En una convocatoria bautizada como “Merienda de bollos” -denominación que ya cosifica y ridiculiza-, los comentarios acumulan descalificaciones de índole sexual, mofas sobre la menopausia y alusiones a enfermedades de transmisión sexual. El resultado es un muestrario de machismo vulgar que, por desgracia, no sorprende a quien transita por Internet.
El lenguaje como herramienta de exclusión
El empleo de términos como “brujas”, la referencia a la fase lútea o la menopausia no es un simple exabrupto. Detrás de esa jerga pseudocientífica hay una estrategia de ridiculización de la mujer adulta y de su autonomía sobre el cuerpo. Se la reduce a órganos reproductores, a una sexualidad descontrolada y a un estereotipo biológico que pretende invalidar cualquier reivindicación. La burla de una “merienda” entre mujeres no es más que una excusa para expresar el rechazo a que el colectivo femenino y LGTBI ocupe espacio público.
El eco de un machismo estructural
Que un puñado de mensajes virulentos aparezca en una tarde no es un incidente aislado. La misma pauta se reproduce en otras plataformas cuando se visibiliza a colectivos históricamente discriminados. La falsa biología empleada para deslegitimar a las mujeres es un recurso recurrente que ha pasado de la conversación privada al ataque anónimo en red. El lenguaje es una forma de violencia, y cuando se normaliza, se invita a escalarla.
La pregunta es si esta violencia simbólica se quedará en anécdota o constituye un síntoma de retroceso en igualdad. La carga contra una convocatoria lúdico-reivindicativa como la “Merienda de bollos” indica que el machismo no ha desaparecido: simplemente ha cambiado de canal.