Mercadona gira su política de contratación hacia perfiles de más edad
La cadena de supermercados valenciana ha modificado visiblemente el perfil de sus nuevas incorporaciones. Los testimonios recogidos en tiendas de distintas ciudades apuntan a un mismo fenómeno: las cajas y los pasillos se están llenando de trabajadores de 40, 50 y hasta 60 años, mientras que los jóvenes de 20 y pocos desaparecen del radar. El vídeo corporativo que la compañía difundió para presumir de plantilla diversa ha destapado, en realidad, un cambio de estrategia que responde a algo más prosaico que la inclusión.
El relevo generacional que no llega
La observación directa en cuatro establecimientos diferentes durante los últimos dos meses es reveladora: solo se ven treintañeros en caja y perfiles más maduros en los pasillos. La lectura más extendida es que los jóvenes ya no quieren ese empleo. Y no es una cuestión de pereza, sino de cálculo racional. Un empleo no cualificado que exige una entrega casi militante, con una cultura corporativa que algunos describen como sectaria, no resulta atractivo para quien tiene opciones. La pregunta es qué opciones tiene realmente un titulado medio en 2026.
La respuesta la da el mercado. Con la jubilación activa regulada recientemente, la empresa ha encontrado un filón en trabajadores de más edad que necesitan completar ingresos o que buscan un empleo estable tras el cierre de sus negocios. El perfil del exautónomo que regentaba una frutería y está acostumbrado a jornadas de lunes a domingo se ha convertido en el candidato ideal: no se queja, no cuestiona y agradece el sueldo fijo.
La letra pequeña del salario que nadie cuenta
Aquí conviene desmontar mitos. La afirmación de que en Mercadona se cobran 30.000 euros netos es, cuando menos, optimista. Las tablas salariales sitúan el techo en torno a los 26.000 euros brutos con todos los complementos y trienios incluidos. Es un sueldo decente para un empleo no cualificado, de ahí que haya quien lo defienda como uno de los pocos trabajos de este nivel que permiten independizarse. Pero no es el paraíso laboral que el vídeo corporativo sugiere.
La contrapartida es el coste psicológico. Los empleados deben mantener una actitud hipervigilada, con guiones de conversación impuestos para interactuar con los clientes. La escena resulta ridícula para el observador perspicaz: adultos simulando una felicidad que no sienten, bajo la atenta mirada de una dirección que premia la obediencia. La pregunta incómoda es cuánto tiempo aguantará un perfil de 50 años esta presión, y qué ocurrirá cuando la empresa decida que ya no le es útil.
La paradoja del empleo estable en un mercado precario
La comparación con otros sectores resulta demoledora. Mientras un empleado de supermercado puede permitirse un piso propio y ocio, profesionales con carreras técnicas en consultoras malviven años después sin estabilidad ni patrimonio. La pirámide laboral española está invertida: el trabajo no cualificado con contrato fijo ofrece más seguridad que la carrera técnica en la economía del conocimiento.
Esta distorsión explica el fenómeno. Los jóvenes sin responsabilidades familiares ven un empleo de futuro desolador y lo rechazan. Los cuarentones con hipoteca, descendientes y pocas alternativas lo aceptan como un mal menor. La empresa, que necesita cubrir puestos con rotación baja, ha encontrado el perfil perfecto: trabajadores agradecidos, disciplinados y sin expectativas de ascenso rápido. El resultado es una plantilla que envejece a marchas forzadas.
El futuro del sector retail y la trampa de la edad
La deriva de Mercadona no es un caso aislado. Otras cadenas como Carrefour, Lidl o El Corte Inglés muestran tendencias similares. La diferencia es que Mercadona, con la media de edad más alta del sector, se enfrenta a un dilema: si su política real es deshacerse de los cincuentones cuando dejan de rendir, como se rumorea, el ciclo se repetirá con los nuevos contratados.
La jubilación activa ha abierto la puerta a una generación de trabajadores que no puede permitirse dejar de trabajar. Y mientras la vivienda siga inaccesible y los salarios no acompañen, la mano de obra madura será el colchón del mercado laboral español. La pregunta que queda en el aire es si esta solución de emergencia se convertirá en la nueva normalidad o si el sistema acabará colapsando bajo su propio peso.