La concentración prohibida sobre Ceuta destapa la guerra política
La concentración convocada para mañana en relación con Ceuta ha sido prohibida. Lejos de cerrar el asunto, la medida ha acelerado el choque entre dos lecturas incompatibles: la de quienes la ven como una decisión de orden público y la de quienes la interpretan como una restricción del derecho de manifestación.
El argumento de la prohibición: una protesta contra el gobierno, no sobre inmi gración
Hay quien defiende la prohibición con una razón poco diplomática: la manifestación no iba de Ceuta. Muchos de los que pensaban acudir planeaban expresar su rechazo a Pedro Sánchez, convirtiendo el drama migratorio en una excusa para una protesta contra el ejecutivo. Si el centro no era la situación de los migrantes, no había espíritu constructivo, sino derribo. Bajo esa lectura, la decisión de prohibir sería una cuestión de coherencia.
La lectura crítica: censura y trampa autoritaria
La otra corriente no se anda con rodeos: habla de “dictadura de facto” y de una deriva autoritaria al prohibir manifestaciones contra el gobierno. Además, apunta que el ejecutivo podría desear precisamente que se produzcan altercados para presentarse como garante del orden y desacreditar a la oposición. En esa lógica, la prohibición no es protección, sino una trampa.
Mientras tanto, en medio de la polémica, resuena una cita atribuida a Pedro Sánchez: los migrantes son necesarios como mano de obra para una economía que crece al cuádruple de la zona euro. El contraste entre el debate público y esa defensa de la inmi gración como activo económico no hace sino avivar la brecha.
La pregunta incómoda queda sobre la mesa: ¿se prohíbe porque la concentración es peligrosa o porque es incómoda? Los datos disponibles no lo resuelven. Lo que sí queda claro es que la cancelación, de confirmarse, no cancelará el pulso.