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Una plantilla de etiquetas permite clasificar canciones creadas con inteligencia artificial por género y subgénero, usando una marca común para indicar que ya están etiquetadas. El sistema cubre estilos como prog, pop, ambient o folk, y en algunos casos añade descriptores concretos como mellotron o midi.
Una plantilla de etiquetas permite clasificar canciones creadas con inteligencia artificial por género y subgénero, usando una marca común para indicar que ya están etiquetadas. El sistema cubre estilos como prog, pop, ambient o folk, y en algunos casos añade descriptores concretos como mellotron o midi.
La música generada con inteligencia artificial ya no es una rareza. Herramientas como Suno o Udio, disponibles desde 2023, permiten crear canciones completas a partir de una descripción de texto. El problema llega después: cuando alguien acumula decenas o cientos de archivos, ordenarlos se vuelve un caos.
Una forma de poner orden es asignar a cada canción una etiqueta de género. La lista puede ser larga: prog, pop, ambient, folk, chamber, electronic, jazz rock o krautrock, entre muchos otros. Cada etiqueta funciona como una carpeta mental que permite encontrar lo que se busca sin escuchar cada archivo.
El sistema se complica cuando aparecen los subgéneros. Dentro del prog caben el symphonic prog, el neo prog, el dungeon prog, el medieval prog o el mellotron prog. En el pop ocurre algo parecido: synth pop, chamber pop, baroque pop, art pop o dream pop. La etiqueta madre no basta si se quiere distinguir.
El detalle práctico es usar una marca común. En la plantilla aparece la letra c junto a casi todas las categorías. Esa marca indica que la canción ya tiene etiqueta asignada. Sin ella, el archivo queda pendiente de revisión.
Hay una excepción llamativa: electro pop aparece dos veces, una con marca y otra sin ella. También hay una entrada más larga que las demás: +(indie) newage mellotron midi magiudio. Esa etiqueta mezcla varios descriptores en una sola línea, algo que rompe la lógica del resto.
Las canciones generadas por IA no vienen con metadatos de género fiables. El usuario tiene que escuchar y decidir. Una plantilla como esta no resuelve la escucha, pero sí evita tener que inventar la categoría cada vez.
Clasificar música es una decisión subjetiva. Dos personas pueden etiquetar la misma canción de forma distinta. La plantilla no elimina esa discusión, solo la ordena.
La lista incluye más de 60 etiquetas distintas. Eso da margen para clasificar casi cualquier cosa, pero también invita a crear categorías que nadie usará. El riesgo es pasar más tiempo etiquetando que creando.
Si el catálogo sigue creciendo, tarde o temprano hará falta una herramienta que lea los metadatos y busque por etiqueta. Una hoja de cálculo o un reproductor con filtros puede bastar. La plantilla es el primer paso, no el último.
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