Dos grandes empresas al borde de la quiebra: empate en la quiniela
Una persona del mundo de la banca suelta que hay dos empresas enormes en España al borde de la quiebra. No da nombres. De la única que se apunta algo, ni siquiera está seguro. Con ese material arranca una de las quinielas más largas de la economía española reciente: cientos de apuestas, casi seis años de conversación y cero confirmaciones.
El punto de partida es la primavera de 2020. Confinamientos, plantillas enteras en ERTE, actividad parada y un tejido empresarial que empieza a mirar los balances con la calculadora en la mano. De fondo, un dato que se atribuye al Banco de España y que circula sin desglose: en torno al
20% de las empresas españolas estarían quebradas. Nadie lo verifica y todo el mundo lo repite.
Por qué El Corte Inglés y Telefónica lideran todas las apuestas
Los dos nombres que más veces aparecen no sorprenden a nadie. El Corte Inglés carga con una emisión de bonos
high yield —al 3 y pico— de la que se afirma que
un tercio acabó en manos del BCE, con vencimiento en 2022. En la contabilidad casera de la conversación esa compra se mide en «megatones», la misma unidad inventada que se usa para la moratoria de créditos hipotecarios citada en prensa económica. Ironía aparte, el diagnóstico que se repite es idéntico: si el banco central sostiene la deuda, la deuda está mal.
Telefónica es el otro fijo. La tesis que circula: activos valiosos, inversiones ruinosas que hay que cubrir y una cúpula directiva en la que los inversores no confían. El desenlace que se anticipa es una absorción —por Telekom, por DT, por TIM-Enel—
a precio de saldo. A eso se suma la entrada del Estado en el capital y los rumores de fusión con Vodafone, que algunos leen como el último clavo de la tapa.
Las aerolíneas, el sector que sí estaba contra las cuerdas
Si hay un bloque donde los números encajan con la palabra quiebra, es el turístico. IAG, Meliá y AENA aparecen de un vistazo. Air Europa, más pequeña,
pidió 400 millones al Gobierno para no caer. Y el relato desde dentro del negocio aéreo es el más detallado de toda la conversación: combustible cubierto con futuros en torno al 70% —todo por encima del precio de mercado—, apenas uno de cada tres vuelos operativos, casi toda la plantilla en ERTE y aviones que no se reparan: se aparcan hasta el chequeo.
La paradoja es fina. La caída del crudo, que debería aliviar, se convierte en penalización porque ese 70% está asegurado caro. Un manual sobre cómo una cobertura deja de proteger y empieza a estorbar.
¿Cuántas empresas españolas están realmente quebradas?
Aquí la horquilla se dispara. Frente al 20% atribuido al Banco de España, otra estimación sostiene que
el 90% de las empresas estarían obligadas a presentar concurso de acreedores si la ley se aplicase al pie de la letra. Dos cifras incompatibles, ambas sin fuente comprobable, y una lectura intermedia que gana peso: con la política monetaria laxa, la insolvencia se disfraza de refinanciación.
La broma recurrente: España como la mayor empresa en quiebra
El chiste se repite cada vez que el asunto vuelve: las dos mayores empresas del país serían la Seguridad Social y el SEPE. O el Estado entero. O el Museo del Jamón, según el apetito del día. Hay más incomodidad que humor en la salida fácil: cuando las grandes compañías dependen de ayudas públicas, la frontera entre empresa y Administración se borra.
La conversación deriva también hacia el desgaste institucional. Una parte lo atribuye a la alternancia política en el Gobierno; la respuesta recuerda que el punto de partida era una pandemia global que paró medio mundo. Sin acuerdo.
Fusiones, oligopolio y un ajuste que se veía venir
Una corriente lleva años advirtiendo de la concentración: un mercado en contracción no sostiene a decenas de operadores, así que quedan tres o cuatro para repartirse el pastel. La banca es el ejemplo obvio, pero las telecomunicaciones son el laboratorio. En Estados Unidos cuatro líneas móviles sin límites se facturan a
220 al mes y un paquete con cable ronda los 150; en Europa, decenas de operadoras pequeñas se guerrean a base de tarifas y promociones que se comen el margen.
Bajo esa lógica, la consolidación no es una amenaza: es el guion. Los estados se resisten, dicen quienes siguen el asunto, pero el camino ya está trazado.
Con esto, la pregunta original sigue viva y sin respuesta: ¿cuáles eran las dos? Ni la banca, ni el sector energético, ni El Corte Inglés ni Telefónica han caído en los términos que se anunciaron. Puede que el contacto exagerase. Puede que la lista de verdad nunca se publicara. ¿Y si el diagnóstico era correcto y el error estaba, simplemente, en el calendario?