Hay un paciente que dice llevar desde 2005 en el circuito de la salud mental pública, con paranoia que no atiende a razones, y que este año se ha quedado sin psiquiatra de golpe: el suyo se ha jubilado, ya ha pasado por tres profesionales distintos y la cita con el quinto no llega hasta octubre.
El colapso de las consultas de psiquiatría
La secuencia está detrás de muchas historias: el profesional que atendía a un paciente crónico se jubila o se traslada, nadie le sustituye con continuidad y el paciente vuelve a empezar de cero. En este caso, la rotación ha obligado a repetir el historial, reexplicar los síntomas y esperar meses para una nueva valoración.
Hay quien sostiene que el problema no es solo la falta de profesionales, sino el enfoque del sistema: se aplica el protocolo, se receta y se cierra la consulta. La crítica más dura apunta a que los psicofármacos “solo parchean” y no abordan el sentido vital de la crisis. En el lado contrario, se recuerda que la responsabilidad del tratamiento también cae en el paciente y que culpar siempre al sistema no ayuda a salir del bucle.
El dato que descoloca no es la espera, sino la sensación de interminable: un proceso que empezó en 2005 y que, dos décadas después, sigue exactamente en el mismo punto.