Lentejas como dieta única: la economía que no adelgaza
Hay quien convierte la olla de lentejas en la respuesta al presupuesto ajustado, pero pocos llegan tan lejos: medio kilo de legumbre, cebolla, zanahoria, una cabeza de ajos y chorizo picante cociendo toda la noche. Un testimonio anónimo sobre consumo responsable lo cuenta sin ambages: durante semanas fue prácticamente su única comida, entre bocadillos, café bombón y alguna copa. El resultado, admite, no fue la pérdida de peso esperada.
La olla lenta sale a 15 céntimos el guiso
El cálculo energético se convierte en el dato estrella. Basta un aparato de cocción lenta de 150 vatios, del estilo del célebre Crock-Pot, para dejar las legumbres 6 u 8 horas sin vigilarlas. A ese consumo, el coste de la cocción queda en torno a 15 céntimos, mucho menos que encender el fuego con butano. El aparato original se mueve alrededor de 50 euros y las imitaciones de supermercado cumplen sin despeinarse. Frente a la compra de botes ya cocidos, el ahorro depende de lo que se valore el tiempo.
Vinagre, especias y un clásico de la filosofía griega
La digestión pesada tiene truco. El comino, el cilantro y la cúrcuma aparecen como aliados contra gases y acidez, y el vinagre crudo con un hilo de aceite se convierte en aderezo obligado para algunos. La sal, avisan, al final, para que la piel no se endurezca. Hay incluso quien germina una pequeña parte de las lentejas en busca de vitamina C y enzimas. La guinda la pone la anécdota de Diógenes de Sínope, comiendo lentejas frente a un filósofo cortesano y respondiendo que quien supiera alimentarse así no tendría que adular a ningún rey.
De la olla lenta a la lenteja roja
La variedad también importa. La lenteja roja no necesita remojo y está lista en 25 minutos; las pardinas agradecen la cocción lenta. Y para los escépticos que la consideran un barro insulso, la 'nduja, una sobrasada picante originaria de Spilinga (Calabria, no Sicilia, como se apresura a corregir quien la conoce), convierte la lata de lentejas en un plato casi adictivo. Todo vale, como en las hamburguesas de lentejas ligeramente cocidas y rebozadas.
El aviso sobre el chorizo y el síndrome metabólico
El plato tradicional no sale gratis en salud. El chorizo con pimentón ahumado, casi omnipresente en los guisos, contiene compuestos del ahumado considerados potencialmente cancerígenos. Por otra parte, se argumenta que el síndrome metabólico es ya la norma a partir de los 40 años, y que niveles de insulina por encima de 5 mU/L frenan la autofagia y la quema de grasa. No es un consejo médico, pero explica por qué una dieta de lentejas con chorizo no produce el milagro esperado.
El estigma de la comida de pobres
Calificar las lentejas de rancho para gallinas provoca el rechazo inmediato. Otros defienden la frugalidad como virtud, y hay quien recuerda haber sobrevivido a una mala racha económica a base de lentejas, garbanzos y arroz, sin chorizo y con menos peso. El cierre del caso, sin embargo, no es un cuento ejemplar: dos meses después, el protagonista confiesa que se ha pasado al pollo. La dieta única tenía los días contados, como casi todas las soluciones extremas.