El 1% paga el 40% de impuestos en EEUU, la clase media el 57%
La afirmación de que los ricos en Estados Unidos cargan con casi todos los impuestos no resiste la aritmética. La distribución real de la carga fiscal deja al 1% más rico aportando el 40% del total, mientras el 49% intermedio —clase media y media-alta— paga el 57%. El 50% más pobre apenas alcanza el 3%. El relato se sostiene a medias: los muy ricos pagan mucho, pero no casi todo.
La distribución que desmonta el mito
Quienes defienden que los ricos ya pagan bastante suelen citar el 40% que aporta el 1%. La cifra, siendo enorme, oculta que la franja central de contribuyentes asume más de la mitad de lo recaudado. Y por el lado de la riqueza, el 1% atesora el 80% o más del pastel. No exactamente la foto de una carga fiscal progresiva.
Hubo un tiempo en que los tramos altos pagaban por encima del 80%, antes de las rebajas de Reagan y Thatcher. Desde entonces, la presión se ha ido desplazando hacia abajo. Los 40 millones de estadounidenses que subsisten con bonos de comida son el contrapunto incómodo a cualquier triunfalismo recaudatorio. Después de la Segunda Guerra Mundial, dicen las comparaciones históricas, la sociedad americana repartía de otra manera.
El espejo español: del IVA a la basura
En España, la promesa de que paguen los ricos se ha traducido en un impuesto que paga todo el mundo: el IVA. Bautizado con ironía como «Impuestos Vertidos por Aristócratas», grava cada compra, la haga quien la haga. La clase media trabajadora es la que lo sostiene.
El último ejemplo llega desde Valencia: el nuevo impuesto de basuras se está notificando en agosto, en plenas vacaciones, con siete días para pagarlo y la amenaza de un 20% de recargo si se incumple el plazo. Los que están «con el alma en vilo» son los curritos, siempre cosidos a impuestos, mientras se vende la ficción de que la factura la paga el capital.
La pregunta incómoda: si el 1% ya paga el 40%, ¿por qué cada nuevo tributo local termina cayendo sobre el 49%? Por qué la clase media acepta la película del rico perennemente exprimido. Quizá porque los datos apenas duran un minuto en la retina.