Sí, es de hecho la acción más radicalmente sensata que se puede liquidar sobre la superficie de este erial. ¿Por qué?
Porque te relaja, te estira la piel y, durante esa hora o quizás menos, el procesador se sitúa en un plano de completa y absoluta ausencia. Durante ese breve lapso no importa absolutamente nada: ni las musas con sus rechazos farragosos, ni el rumbo de Matilde, ni la sed material, ni el deseo ciego de la carpa biológica.
Es el único instante en el que eres el verdugo de tus propias necesidades, el momento exacto en el que asesinas el instinto que nos encadena a la granja.
Porque te relaja, te estira la piel y, durante esa hora o quizás menos, el procesador se sitúa en un plano de completa y absoluta ausencia. Durante ese breve lapso no importa absolutamente nada: ni las musas con sus rechazos farragosos, ni el rumbo de Matilde, ni la sed material, ni el deseo ciego de la carpa biológica.
Es el único instante en el que eres el verdugo de tus propias necesidades, el momento exacto en el que asesinas el instinto que nos encadena a la granja.