El mito de la virilidad: cuando despreciar a las mujeres es 'signo de hombría'
Hay un discurso que sostiene que la atracción por las mujeres es incompatible con la hombría. En ciertos espacios digitales, se ha reavivado una vieja idea: que el cuerpo masculino, musculado y viril, es el cenit de la perfección humana, mientras que el femenino sería antiestético y reducido a funciones biológicas. Esta corriente, que mezcla homofobia y misoginia, no es nueva, pero persiste en foros donde se exalta una masculinidad tóxica como reacción a los avances en igualdad.
La retórica de la superioridad masculina
Los argumentos se centran en menospreciar cualquier expresión de feminidad, desde el físico hasta las aficiones. Se considera que admirar el cuerpo de una mujer es una debilidad, y que el verdadero hombre debe venerar la fuerza y el aspecto varonil. Esta postura, aunque marginal, encuentra eco en comunidades que buscan reafirmar una identidad masculina tradicional frente a los cambios sociales.
Un fenómeno con raíces culturales
El discurso no surge de la nada. Hunde sus raíces en una concepción de la masculinidad que ha sido dominante durante siglos, pero que hoy choca con la realidad de una sociedad más plural. La ironía es que, al obsesionarse con la hombría, estos discursos revelan una profunda inseguridad sobre la propia identidad sexual.
En un contexto donde la igualdad de género avanza, estos reductos mantienen una visión arcaica que probablemente seguirá alimentando debates estériles, aunque sin capacidad de influir en las tendencias mayoritarias.