Cenar o ahorrar: la disyuntiva que define a la generación Z
Una cena para dos ronda fácilmente los 50 euros. Un plan de fin de semana, el doble. Con el coste de la vida subiendo, la generación Z ha empezado a hacer cuentas: para muchos, lo primero que salta es la vida social. Un informe de Bank of America dibuja a una generación que ahorra con disciplina y pospone citas, cenas y hasta relaciones sentimentales. El dato, sin embargo, no es el hábito, sino el motivo: la presión financiera, no un cambio cultural.
Hay quien ve en esta conducta una virtud: presupuestos sin filtros, ahorro automático, consumo consciente. Otros sospechan que se vende precariedad como progreso. ¿Ahorran porque han aprendido o porque no llegan a fin de mes? ¿Y en qué ahorran? La banca ha encontrado en ellos al cliente perfecto: se sienten responsables mientras engordan comisiones. Dejar de salir o de emparejarse por falta de dinero no es un nuevo paradigma, es empobrecimiento en estado puro.
El informe asegura que dos de cada tres ahorran, pero no aclara en qué: quizá en el gimnasio, porque las citas ya no entran en el presupuesto. La generación Z no está mejor educada financieramente. Está más asustada.