Midnight Hammer, el martillo que golpea Irán sin desenlace
La operación Midnight Hammer sigue su curso y nadie se atreve a ponerle fecha de caducidad. El nombre lo dice todo: un martillo de medianoche, cuando nadie ve y todos oyen. En el arranque de la conversación se da por hecho que el vídeo que acompaña al asunto es «guapo», que los bichillos se pegan y que, según un participante, «los moros ya han cerrado el estrecho». La primera conclusión que se impone es tan simple como incómoda: según un participante, si no tienes la bomba nuclear, no cuentas en la geopolítica y pasas a ser un esclavo del imperio. Quien sostiene esto último lo hace con la convicción del que acaba de ver cómo le enmiendan la plana en directo.
El estrecho, el martillo y la coreografía de la fuerza
El escenario que se dibuja es de manual: según un participante, Irán recibe palos, responde con un bazooka, Israel es el contendiente y Estados Unidos ejerce de árbitro que se come otro cohetazo por su mal arbitraje como juez. La explicación es de andar por casa, pero sirve. La operación Midnight Hammer no es un episodio aislado: es una secuencia que se prolonga y que se cuenta con la naturalidad del que comenta un partido de barrio. Mientras, en el club de la comedia de la ONU, el embajador ruso le echa en cara a Trump el uso de la fuerza como instrumento de negociación. Hace mucho que no hay buenos ni malos. Hay malos, peores y los que tienen nukes.
El detalle que se escapa es que la operación tiene nombre de película. El expreso de medianoche, sin ser martillo, se lo metían por el agujero más recóndito. El bautizo no es casual: según un participante, todas estas operaciones llevan segundas intenciones en el nombre.
Irán no es un país, es un mosaico de lenguas
En Irán se hablan varios idiomas, siendo el persa (farsi) el oficial y más hablado. Además del persa, se hablan azerí, kurdo, luri, balochí y árabe, entre otros. En total, alrededor de 79 lenguas vivas, incluyendo 65 indígenas. El dato no es una curiosidad académica: es la munición de la próxima guerra. Si Irán pierde esta guerra, sus enemigos, con el fin de debilitar el país y destruirlo, financiarán los nacionalismos haciendo creer a cada grupo étnico que es un país diferente y que luche por su independencia. El resultado previsible son guerras civiles y terrorismo, el mismo manual que ya se aplicó antes en la región. La fragmentación no se produce por casualidad: se financia.
El canal, el ego y la tragedia que no se analiza
Hay una queja que recorre toda la conversación y que va más allá de Irán: el canal que se folla a sí mismo. Es su canal y se lo folla como quiere, en eso es transparente al cien por cien. El problema no es la línea editorial, es la prepotencia. El mismo patrón que se detectó en Trevijano, al que este canal odia y rechaza de plano, incluso las ideas y conceptos que se podrían aprovechar. La gente que gestiona estos espacios no son líderes, son teóricos. Y los teóricos con ego acaban priorizando el peso sobre la audiencia.
La secuencia es reveladora: el directo previsto sobre los rusos en Transnistria se pospone porque URGENTE, TRAGEDIA EN IRÁN, PÁNICO EN ISRAEL. El tema se cambia a última hora y el análisis se queda en la superficie. Se leen noticias, no se moja. Solo se moja cuando un seguidor hace un comentario y él dice que está de acuerdo. Eso no es mojarse, es hacer corro. La conclusión de uno de los participantes es tajante: me acabo de desuscribir. El motivo no es ideológico, es de criterio.
Trevijano, el MCRC y la memoria selectiva
La conversación deriva hacia el legado de Trevijano, que proponía división real de poderes, sistemas de participación ciudadana y control, y un proceso constituyente. Ideas aplicables a cualquier sistema, no solo a una democracia. Por eso choca que se le tenga tanta inquina desde ciertos canales, dado que las personalidades son muy similares y muchos de los conceptos se podrían reciclar para un sistema nuevo. Las personalidades similares chocan. Trevijano se llevaba bien con Dalmacio Negro, un erudito sin ego. Ambos sabían mucho y por eso eran amigos.
El episodio del MCRC es el más jugoso. Sacaron vídeos poniendo a caldo a Gisbert. Pedro Manuel González, que es de verdad lo que Gisbert pretende ser, jurista, le mete unas hostias enormes. Educadamente, sin sarcasmo ni ironía, directo al hígado. Gisbert hasta copió el documento, que se puede descargar de la página web del MCRC, para justificar por tus principios democráticos negarte a presentarte en una mesa electoral. El detalle tiene miga: el que dice querer destruir el sistema copia los formularios del sistema para no participar en él.
La huida del país y el patriotismo de salón
Hay una contradicción que se repite y que nadie termina de resolver: el tradicionalista que vende conferencias mientras recomienda a la gente emigrar del país como un liberal. En geopolítica muy bien, pero el resto del personaje es sospechoso. Un patriota nunca recomienda a la gente abandonar el barco. La mezcla es curiosa: tradicionalista pero anticatólico, conservador del espíritu clásico pero partidario de que la religión, sobre todo la organizada, es un cáncer. Y rechazo a las religiones del desierto por contrarias al espíritu europeo. Cada uno es lo que quiere, pero la coherencia se le supone al que cobra por venderla.
La pregunta que sobrevuela es siempre la misma: ¿hasta cuándo y dónde vas a huir? Los liberales son parte del problema de que no se defienda lo propio. Si no te plantas por tu tierra, vas a huir toda la vida. La teoría de revolución armada o nada también es inmovilizadora. La cosa se tiene que poner en evidencia primero. La gente, desafortunadamente, va a tener que pasarlo mal antes de que estalle. Pero insinuar que no tiene salvación no ayuda. Ahora mismo hay mucho que hacer todavía.
El coronel McGregor da gusto escucharlo. Alguna vez se equivoca, pero más bien en plazos, no en resultados. La predicción con reservas es la única honesta: el martillo seguirá golpeando, el estrecho seguirá cerrado y los que tienen nukes seguirán negociando. Lo que no está escrito es cuánto aguanta el que recibe.