Marruecos reivindica Ceuta y Melilla: el coste de la inacción
La cuenta oficial del Ejército de Marruecos ha publicado un mensaje difícil de ignorar: no renunciará a Ceuta, a Melilla ni a las islas ocupadas en el norte de Marruecos. El texto se ha interpretado como una escalada verbal, aunque en el análisis español la reacción oscila entre la alarma y el encogimiento de hombros.
Para una parte del análisis, no es un brindis al sol. Se lee como la consecuencia de una correlación de fuerzas favorable a Rabat: un Gobierno español debilitado, un contexto internacional en el que Washington no parece dispuesto a frenar a Marruecos y un Ejército marroquí que ha comprobado que sus movimientos no tienen respuesta. La comparación con la estrategia israelí sobrevuela el debate.
El órdago y el bulto
En el extremo contrario, hay quien sostiene que todo es humo: una cuenta oficial que nadie verifica, un mensaje pensado para el consumo interno y una prensa que convierte cada tuiteo en una crisis. Esa corriente recuerda que no es la primera vez que Marruecos mueve ficha en el tablero discursivo sin consecuencias.
Pero entre los que toman el mensaje en serio, el reproche es idéntico: España no tiene estrategia, y lo que hace, cuando lo hace, parece pensado para no molestar a Rabat. Se habla de una dependencia estructural que condiciona cada decisión y de un chantaje que se enquista.
La respuesta que nadie propone
La única salida proporcional que se plantea –responder con la misma moneda al replicar con el Sáhara Occidental– se descarta por inviable. Mientras tanto, Marruecos puede permitirse declarar la guerra fría sin coste alguno. España, por ahora, prefiere no enterarse.