Marruecos anuncia el estadio de fútbol más grande del mundo con 115.000 plazas y 500M€ de presupuesto
Marruecos ha presentado los planes para levantar el estadio de fútbol con mayor capacidad del planeta: 115.000 asientos y una inversión estimada en 500 millones de euros. La cifra supera con creces a los colosos actuales, como el Rungrado 1º de Mayo de Corea del Norte (114.000) y el Melbourne Cricket Ground (100.000). El proyecto aviva el debate sobre las prioridades de gasto del país norteafricano y levanta sospechas sobre el papel de la ingeniería española en el desarrollo.
La sombra de las constructoras españolas
Los analistas señalan a FCC como probable contratista estrella. La constructora española ya ejecutó las reformas del Santiago Bernabéu y Mestalla, y su experiencia en macroproyectos la sitúa en el punto de mira. No es casual: cada gran obra marroquí ha contado con participación española, y este estadio no sería la excepción. La pregunta que flota es qué contraprestaciones políticas habrán mediado para que la final del Mundial —o un hipotético traslado de la Liga española— acabe en este desierto de cemento.
Prioridades cuestionadas
Mientras se destinan 500 millones a un recinto deportivo, la gestión de la inmigración irregular sigue sin resolverse. La ironía no escapa a nadie: el mismo país que reclama fondos europeos para frenar la llegada de menores no acompañados (menas) se permite semejante dispendio. El contraste golpea. Como apuntan algunos análisis, la financiación de esta mole quizá no sea tan opaca si se rastrea quién pone el dinero y a qué intereses responde.
Un nombre y un futuro incierto
Las propuestas de nombre para el estadio oscilan entre lo sarcástico y lo premonitorio: desde «Segarrón» —una alusión al despilfarro— hasta «Estadio de Morocaná», pasando por la parodia de llamarlo «haima XXL». Lo que nadie discute es que, una vez construido, habrá que llenar 115.000 butacas. Con la liga marroquí muy lejos de esos aforos, la única opción plausible es albergar partidos de selecciones o eventos internacionales. Pero la historia reciente demuestra que los macroestadios en países sin tradición futbolística de primer nivel suelen acabar en ruinas o con mantenimiento imposible.
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