Marlaska y Marruecos: el socio fiable que mira a otro lado
El ministro del Interior, Marlaska, describe a Marruecos como «un socio absolutamente fiable». La afirmación choca con un historial complejo: espionaje con el software Pegasus, flujos de hachís y una red de influencias cruzadas que nadie parece controlar del todo. Hay quien sostiene, sin embargo, que la fiabilidad es real si el precio es el que se ha pagado.
El precio de la fidelidad marroquí
El argumento más repetido entre los analistas que apoyan la declaración es el funcional: Marruecos colabora en inmigración, recoge a migrantes irregulares y abre la puerta a inversiones millonarias. El contrapeso es la teoría del chantaje: presuntamente, materiales obtenidos con Pegasus de los móviles de altos cargos españoles habrían sido utilizados para garantizar la buena voluntad de ciertas decisiones políticas. No hay sentencia ni prueba pública, pero las insinuaciones recorren los pasillos de la diplomacia con una soltura inquietante.
Cocaína, hachís y maletines
La narcoeconomía asoma en cada recoveco de la relación bilateral. El análisis conecta la alianza diplomática con la circulación de hachís y cocaína vía Mocro Maffia, y con una red transeuropea de lealtades y traiciones que hace difícil saber quién controla a quién. Se llega incluso a sugerir que la soberanía nacional se habría puesto en alquiler a cambio de que nadie airee determinados contenidos.
Mientras tanto, la promesa de miles de millones en inversiones del país vecino suena a soborno legalizado para una buena parte de los observadores. Otros recuerdan que Marruecos también tiene sus propios equilibrios internos, y que en la teología del Ministerio del Interior, la fiabilidad se mide por la capacidad de mantener a raya la frontera sur.
Quizá Marlaska tenga razón y Marruecos sea un socio fiable hacia alguien. La cuestión es si ese alguien es España o un puñado de gestores con las agendas demasiado llenas. La historia reciente no invita a cerrar la discusión: invita a pedir facturas.