Marlaska condecoró a Aldama con la medalla de la Guardia Civil en 2022
En septiembre de 2022, el Ministerio del Interior que dirige Fernando Grande-Marlaska concedió a Víctor de Aldama la medalla al mérito de la Guardia Civil. El dato, publicado por
El Periódico de Ceuta, sitúa la condecoración meses después de que el departamento ya hubiera sido requerido por la Agencia Tributaria en relación con la investigación sobre Soluciones de Gestión y, específicamente, sobre el propio Aldama, comisionista de la trama Koldo. Es decir: el Gobierno conocía el nombre antes de firmar la medalla.
La paradoja no es menor. El mismo Ejecutivo que después presentó a Aldama como un desconocido le había distinguido con una condecoración reservada a servicios a la Patria. La conversación derivó rápido hacia un patrón conocido: medallas, órdenes del mérito y cruces que se reparten por criterios que poco tienen que ver con la trayectoria profesional.
¿Qué medalla recibió Aldama y cuándo?
La medalla al mérito de la Guardia Civil con distintivo blanco le fue concedida en septiembre de 2022. Según el material publicado, el Ministerio del Interior ya sabía desde enero de ese mismo año que la UCO investigaba a Soluciones de Gestión y a Aldama. La secuencia temporal es la clave del asunto: primero llega el requerimiento de la Agencia Tributaria, después la condecoración.
Hay quien sostiene que la concesión es un acto administrativo rutinario, firmado en cadena y sin conocimiento personal del ministro. En contra pesa un detalle: Marlaska negó en el Senado conocer a Aldama. La contradicción entre el «no le conozco» y el expediente que sale de su propio ministerio es el eje sobre el que gira toda la polémica.
El mercadeo de medallas: cuántas se reparten y con qué criterio
La defensa más repetida es que ese mismo día se concedió la misma distinción a 1.600 personas. El argumento tiene un problema de escala: si se entregan a miles, dejan de ser un reconocimiento excepcional y pasan a ser un trámite. Y un trámite no exime de responsabilidad a quien lo firma.
En la conversación aparece un contraste incómodo. El PP premió a Koldo García con la Orden del Mérito de la Guardia Civil días antes de la moción de censura, según recoge
La Gaceta. La conclusión que saca más de uno: el intercambio de galardones entre partidos y cuerpos de seguridad no es patrimonio de un solo color político.
¿Marlaska mintió en el Senado sobre Aldama?
Marlaska negó conocer a Aldama en sede parlamentaria. El material señala que esa declaración podría constituir falso testimonio. La acusación no está probada y se formula como sospecha. Lo que sí está documentado es que el Ministerio del Interior tramitó una condecoración a favor de una persona a la que el propio ministro dice no conocer.
La defensa del ministro se apoya en el procedimiento: las medallas no las concede él en persona, sino que siguen un circuito administrativo. El problema es que ese circuito no explica por qué el nombre de Aldama acabó en la lista mientras estaba bajo investigación.
El currículum antiterrorista que la Guardia Civil desmiente
Aldama se presentó ante el juez como agente antiterrorista que había estado «pegando tiros con el GAR» en Logroño. La Guardia Civil descartó que un civil pueda utilizar armas en el Polígono de Experiencias. El episodio añade una capa más al personaje: el comisionista que se atribuye funciones que no le corresponden.
El detalle tiene su gracia triste. Si alguien con ese currículum inventado recibe una medalla al mérito, el problema no es solo suyo: es de quien firma el papel sin comprobar nada.
La trama de favores que sostiene el sistema de condecoraciones
La conversación deriva hacia un diagnóstico más amplio: los galardones públicos funcionan como moneda de cambio. Quien los recibe no siempre los merece; quien los concede no siempre los justifica. El resultado es un sistema donde la medalla pierde valor simbólico y gana valor transaccional.
La comparación con el pasado es inevitable. Hubo un tiempo en que esas distinciones se reservaban a trayectorias ejemplares, actos de valor o profesionalidad acreditada. Hoy se entregan por antigüedad, por recomendación o por conveniencia. La degradación no es exclusiva de un partido, pero el caso Aldama la expone con una claridad incómoda.
¿Qué pasa ahora con la medalla de Aldama?
La medalla sigue concedida. No hay constancia de que se haya revocado. La petición de retirada existe, pero el procedimiento no es automático. Mientras tanto, el caso sigue su curso judicial y las explicaciones del Ministerio no han cerrado la contradicción principal: cómo se condecora a alguien a quien se dice no conocer.
La pregunta que queda flotando no es si Aldama merecía la medalla. Es cuántas más se habrán firmado sin mirar el expediente. Y cuántas seguirán firmándose igual.