Marilyn Monroe y el círculo de poder en Hollywood: entre el psicoanálisis y la conspiración
El 5 de agosto de 1962, Marilyn Monroe aparecía muerta en su casa de Brentwood con una sobredosis de barbitúricos. La versión oficial habló de suicidio, pero desde entonces han circulado teorías que apuntan a un entramado de intereses que iban mucho más allá de la fragilidad de una estrella. Entre los nombres que aparecen en la trama destacan varios profesionales de origen judío, lo que ha alimentado lecturas conspirativas que merecen un análisis riguroso.
El psiquiatra Ralph Greenson, nacido Romeo Greenschpoon, fue el terapeuta de Monroe en sus últimos meses. Según el libro de Donald Spoto (1993), Greenson recurría de forma habitual a la terapia farmacológica, recetando barbitúricos y tranquilizantes, y derivó a la actriz al internista Hyman Engelberg, quien también le prescribió medicación. La dependencia química de Monroe era conocida, y algunos investigadores sostienen que este cóctel pudo precipitar su final. Pero la controversia no acaba ahí.
El círculo de influencias en la vida de Monroe
Monroe se casó con el dramaturgo Arthur Miller, de origen judío, y trabajó estrechamente con Lee Strasberg y su esposa Paula, fundadores del Actors Studio, donde se formó en el Método. También tuvo relaciones con figuras como Milton Berle, el popular cómico y presentador. Este denso entramado de relaciones personales y profesionales ha sido interpretado por algunos como una red de poder que controlaba su vida y su carrera.
Paralelamente, el FBI abrió un expediente clasificado como "105" sobre Monroe, vinculado a su relación con los hermanos Kennedy y posibles chantajes. Investigadores como el usuario que firma "Hércules Poirot 2013 bis" del foro señalan que la actriz podría haber topado con una conspiración política que acabó neutralizando a varias personas antes de la llegada de Nixon a la presidencia. La muerte de la actriz Jean Seberg, perseguida por el FBI y fallecida en París a los 40 años, se menciona como un caso paralelo de estrella incómoda para el sistema.
El dato que descoloca
Joe DiMaggio, el exmarido de Monroe que organizó su funeral, prohibió la entrada a la mayoría de las figuras de Hollywood. Según relató, culpaba a la industria del espectáculo de la muerte de la actriz. "Si no fuese por ellos, ella todavía estaría viva", llegó a decir. El contraste entre la versión oficial del suicidio y las múltiples hipótesis abiertas –desde el error médico hasta el asesinato político– mantiene vivo el misterio más de seis décadas después.