Errejón se repliega: plaza en la Complutense y mirada a 2034
Un dirigente sin escaño, sin aparato propio de peso y con una plaza de profesor asociado en la Complutense aparece, en una parte de la conversación pública sobre la izquierda, como el mejor colocado para liderar ese espacio dentro de seis o diez años. El detonante fue una pullita en vídeo de Pablo Iglesias a Íñigo Errejón después de las últimas elecciones generales y el artículo que El Mundo publicó después. En el mismo paquete, una dirigente quedó fuera de todas las listas.
El vídeo, el artículo y la dirigente que se quedó sin sitio
El episodio que abre el asunto es breve y visible: un corte de vídeo con el dardo del exvicepresidente del Gobierno a su antiguo número dos, reproducido junto a una pieza periodística. Lo que se discute no es el tono, sino qué revela del reparto de papeles. Mientras unos se desangran en lo que se describe como
elecciones absurdas para ellos, el que no aparece en el cartel no gasta nada. El reparto de daños es explícito: la dirigente que se quedó fuera de todas las listas carga con el coste y quien retrocedió se queda con el relato. Hay incluso quien bromea con que semejante paso atrás solo se explica por un algoritmo desconocido.
La tesis del ajedrez: esperar seis o diez años
La predicción más repetida es que Errejón no compite ahora porque no le hace falta.
Dentro de seis, ocho o diez años tendría la mezcla de juventud y experiencia, la fama de moderado y ninguna derrota propia que colgarle. El razonamiento se apoya en el desgaste ajeno: quienes hoy ocupan la primera línea estarán quemados, fuera o inmersos en causas judiciales, y quedará un hueco que nadie más podrá reclamar sin cicatrices. La pega a esa lectura es que un hueco no se hereda: se ocupa. Y quien hoy no aparece en ningún cartel tampoco construye la red que hace falta para ocuparlo.
El sueldo de asociado y el currículum del padre
El contrapeso llega por dos vías. La primera es material: su plaza de profesor asociado en la Complutense no es gran cosa en retribución, aunque evita el andamio y sirve para sumar méritos hasta una plaza de titular. La comparación que circula es la de quien pasa de un vino de bodega a un brick de supermercado. La segunda es biográfica: se recuerda que su padre ocupó cargos en la administración desde los primeros ochenta —
subdirector general de Medio Ambiente en 1981, paso por el ICONA y por la agencia de evaluación— antes de recalar en el think tank del partido. Otra línea, sin pruebas que la sostengan, lo sitúa como un producto financiado por fondos y colocado en televisiones.
¿Por qué su mensaje no aterriza fuera de Madrid?
Aquí está el reparo más serio a la tesis presidencialista. Se sostiene que su perfil encaja en la Madrid más acomodada y no en Castilla, Extremadura, Murcia, Andalucía, Asturias o Aragón, donde el votante de izquierdas responde mejor a un discurso obrerista y desconfía del perfil progresista de despacho. Y no es una impresión suelta: hay quien apunta que el propio partido lo comprobó cuando se presentó a la alcaldía de Madrid. A eso se suman declaraciones antiguas que reaparecen cada vez que le dan cancha. Cuando encabezaba la lista de Podemos a las autonómicas madrileñas, consideró que en Venezuela había habido «importantísimos avances» y citó como prueba que la gente hiciera tres comidas al día y se respetaran los derechos de la oposición. También se le atribuyen propuestas de programa contra la carne, los coches y los vuelos cortos, y una salida sobre
rebajar la jubilación a los 52 años si llegaban más migrantes.
La crisis que viene y los miles de millones del BCE
El escenario que sostiene la predicción es económico: se da por hecho un ajuste brutal, con tipos al 0% y liquidez del banco central tapando el agujero. Se citan el
Plan Draghi, con 10.000 millones para España entre junio de 2012 y junio de 2022, y el plan antifragmentación, con 4.400 millones al mes solo para este país. La réplica es que esa hecatombe se anuncia desde 2006, 2009, 2013, 2015, 2017, el virus y 2022 sin llegar nunca, y que el plan verdadero consiste en aburguesar a la población para que no proteste. Nadie discute la gravedad; se discute el calendario.
El resto del tablero: IU, Sumar y Garzón
Alrededor del caso principal hay material para otro artículo. Se recuerda que ya avisó contra la fusión con IU en 2016, cuando las encuestas permitían soñar con superar al PSOE, y se discute si el resultado de Sumar en el 23J deja el proyecto descafeinado y sin la centralidad que se le atribuía. También hay quien reprocha a otro dirigente haberse cargado su propio partido sin rendir cuentas y quien sentencia que de la izquierda de aquel ciclo no queda nada. El pronóstico general es que el desgaste haga el trabajo que nadie quiere hacer a mano.
Con estos mimbres, la pregunta no es si Errejón llegará a presidente alguna vez, sino cuánto aguanta un perfil bajo en un ecosistema que premia el grito y castiga el silencio. ¿Cuántos años puede alguien mantenerse sin quemarse en un espacio que se quema cada temporada?