Manifestaciones mundiales contra la venta de Ucrania al Kremlin
Una página web permite buscar país y ciudad para unirse a las
manifestaciones convocadas contra lo que sus promotores describen como la venta de Ucrania al Kremlin. El Congreso Mundial Ucraniano ha lanzado una plataforma que geolocaliza convocatorias en todo el mundo. El mensaje inicial lo deja claro: «El destino de Ucrania nos afecta a todos». La iniciativa cita a Edmund Burke: «Para que el mal triunfe solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada».
Qué plantean las convocatorias y quién las impulsa
La convocatoria parte del Congreso Mundial Ucraniano, una organización de la diáspora que ha desplegado una herramienta digital para que cualquier persona localice la manifestación más cercana. El planteamiento es que la guerra no es un asunto exclusivamente ucraniano:
Putin libra una guerra híbrida contra las democracias occidentales, sostienen, y cualquier victoria que obtenga será una derrota para quienes defienden los derechos humanos.
La página funciona como un mapa interactivo. Se introduce el país y la ciudad, y aparece la convocatoria correspondiente. El objetivo declarado es mostrar apoyo popular en las calles de capitales de todo el mundo. La cita de Burke funciona como lema oficioso.
La respuesta: burla, acusaciones y un rechazo frontal
La recepción en el foro donde se difundió la convocatoria fue cualquier cosa menos neutral. Abundan los mensajes que ridiculizan la iniciativa con referencias al precio de las banderas ucranianas, los que preguntan cuánto pagan por asistir y los que directamente acusan a los organizadores de servir a intereses extranjeros.
Una línea recurrente sostiene que
Estados Unidos y Rusia se han repartido Ucrania y que Europa carga con las consecuencias. «EEUU y Rusia le han hecho un Polonia», resume un participante. Otros van más lejos: «Mientras miras a Rusia los anglos nos están metiendo una piña por el culo».
Hay quien reduce todo a un asunto económico: «En Castelldefels hace poco han abierto una oficina de pasaportes para Ucranianos, no veas la pasta que manejan». La acusación de corrupción aparece sin pruebas que la respalden.
El desgaste del relato y la guerra de narrativas
La discusión deriva hacia el cansancio del relato oficial. «¿Pero no había ganado la guerra Ucrania?», pregunta con sorna un mensaje. Otro apunta que «ya no les quieren apoyar más» y que la guerra está perdida o, como mínimo, no ganada.
La contraofensiva de quienes defienden la convocatoria se apoya en la idea de que
Putin pierde refinerías, prestigio internacional y fondo de bienestar mientras sus ciudadanos viven en condiciones cada vez peores. La respuesta a los críticos es directa: «Qué poco informados estáis los putincels de lo que pasa en el mundo».
El intercambio se encona con acusaciones cruzadas de manipulación. Se menciona una supuesta red de saboteadores pagados con dinero del petróleo y se ironiza sobre granjas de trolls y recortes presupuestarios en ellas.
Ucrania como estado fallido: el pronóstico más repetido
Entre los mensajes finales gana peso la tesis de que Ucrania está «dando sus últimas bocanadas de aire como país». Se especula con el envío de tropas europeas, con Alemania reticente y el Reino Unido dispuesto, y con que Bruselas no respaldará ninguna operación sin negociación previa con Rusia.
La conclusión que se impone en buena parte de la discusión es que
Ucrania desaparecerá como estado tal y como lo conocemos. La fecha que se maneja es 2025. Nadie aporta fuentes, pero el pronóstico se repite con insistencia.
Lo llamativo no es que haya opiniones enfrentadas. Es que la convocatoria de manifestaciones mundiales haya derivado, en cuestión de horas, en un ajuste de cuentas sobre quién paga a quién, quién miente y quién se beneficia. La pregunta que queda flotando: si las calles se llenan, ¿de qué lado estará la mayoría silenciosa?