Opositores suspendidos salen a la calle: la batalla por el cero en las oposiciones
¿Un examen imposible o un nivel académico en caída libre? La manifestación convocada para mañana en Madrid por aspirantes a profesor que han obtenido un cero en las oposiciones de Primaria ha reabierto el debate sobre cómo se selecciona al profesorado. Los datos no dejan mucho margen a la interpretación: el 86% de los candidatos suspendió la última convocatoria, según información publicada por El País. Y una parte de esos suspensos no se debió a fallos en matemáticas o didáctica, sino a algo más básico: las faltas de ortografía.
El precio de escribir mal: hasta 0,25 puntos por falta
En la Comunidad de Madrid, el tribunal descuenta 0,25 puntos por cada error ortográfico y 0,15 por tilde incorrecta. La acumulación puede llevar directamente al cero, un resultado que muchos aspirantes consideran desproporcionado. Algunos argumentan que en las pruebas de Matemáticas, por ejemplo, la competencia lingüística debería acreditarse aparte, no penalizarse en el examen de contenidos. El problema es que, según quienes defienden el rigor, si un futuro docente escribe «a visto» en lugar de «ha visto», no está capacitado para enseñar. La tensión entre ambas posturas ha crecido hasta el punto de que los afectados han recurrido a la vía judicial y a la protesta callejera.
La sombra de los interinos: ¿20 años sin plaza?
Detrás de la manifestación no solo hay quejas por el examen. El sistema de interinidad ha saltado por los aires con la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que limita a tres años el encadenamiento de contratos temporales en el sector público. Decenas de miles de profesores interinos, que llevaban años cubriendo plazas sin conseguir una definitiva, se han visto forzados a volver a opositar o a ser despedidos. En este contexto, la protesta de los opositores suspendidos se solapa con la de los interinos que temen perder su puesto. La mezcla es explosiva: mientras unos reclaman que se les evalúe con más justicia, otros denuncian que los tribunales usan criterios arbitrarios para «limpiar» las listas.
Dos generaciones, dos sistemas educativos
Algunos analizan el conflicto como un choque generacional. Los tribunales están formados por docentes que pasaron por una universidad antigua, donde la exigencia era máxima y los suspensos masivos. Los nuevos aspirantes provienen de un sistema universitario que ha flexibilizado los criterios. El resultado son tasas de aprobados que rondan el 15%, con un 70% de ceros, una distribución que recuerda a la de la Politécnica de Valencia de hace décadas. La pregunta incómoda es si el filtro actual es razonable o si, como sostienen los manifestantes, se está utilizando la ortografía como excusa para reducir el número de plazas.
Los opositores han anunciado que acudirán con pancartas escritas a mano. Al menos, bromean algunos, habrá que asegurarse de que no tengan faltas.