El peligro de los gurús de la salud en redes: más músculo que evidencia
[P]Un perfil con el torso trabajado, una cruz al cuello y cientos de miles de seguidores. Su discurso: el pan inflama, la sal mata, los huevos son mentira. No es una secta, es el nuevo nicho del marketing de salud en redes sociales. Y la comunidad médica empieza a preocuparse.[/P]
[P]La propaganda viral de conductas dañinas no es nueva, pero ha encontrado un filón en los cuerpos perfectos. La estética vende credibilidad: esos abdominales son la garantía de que el consejo funciona. Sin embargo, los expertos advierten del riesgo de las dietas hiperproteicas y los regímenes extremos, que metabolizan el hígado y el riñón hasta límites preocupantes.[/P]
La guerra de las narrativas
[P]Frente al aviso de los sanitarios, hay quien defiende que esos influencers son los únicos que dicen la verdad. En las redes circula la idea de que la ciencia oficial oculta los beneficios de las grasas y los peligros del trigo. El problema: cuando el mensaje se simplifica hasta el absurdo, la evidencia se convierte en ruido. El resultado es una audiencia que ya no distingue entre un estudio riguroso y un eslogan de tres frases.[/P]
El negocio del terror y la culpa
[P]La fórmula se repite: un cuerpo aspiracional, un mensaje apocalíptico y una comunidad que aplaude. Los cuerpos perfectos son la prueba de que el método funciona, aunque la ciencia no respalde el guion. Mientras tanto, el miedo se vende mejor que la moderación: el clickbait sanitario mueve más que el consejo prudente de un especialista.[/P]
[P]Lo que descoloca: con el nivel de difusión que alcanzan estos contenidos, el siguiente brote podría no ser vírico, sino de desinformación. Y ese sí que no tiene vacuna.[/P]