Tienda de campaña y 200 euros: la economía del prepper youtuber
¿Cuánto cuesta escapar de la civilización y contarlo en YouTube? Menos de lo que parece: 5.000 euros por un terreno, 450 vídeos publicados y una facturación mensual de unos 200. El resto es sudor, calistenia y una tienda de campaña en mitad de un cañón de Almería.
Los números que no salen en la pantalla
El personaje no es un improvisado: tiene estudios de Administración y Dirección de Empresas, ahorros previos y cuatro años de viaje por Sudamérica a sus espaldas. Pero el modelo de negocio, visto con perspectiva, es demoledor. Tras 450 vídeos, la cuenta de YouTube apenas genera 200 euros al mes. Menos de medio euro por vídeo. Los costes de producción son mínimos – una batería, un panel solar, un móvil – pero el tiempo dedicado no se negocia y el contenido, confiesan sus seguidores, repite una y otra vez los mismos planos: estiramientos, paseos y una excavación que no avanza.
La inclusión de su pareja, una veterinaria uruguaya, en algunos vídeos ha levantado sospechas de que se aprovecha su presencia para subir las reproducciones. Sea o no cierto, el patrón de meter a la novia en la miniatura es antiguo como Internet.
Cinco mil euros por un paraíso aterrazado
La parcela donde vive es aterrazada, tiene agua y el ayuntamiento no le ha puesto pegas para que resida en una tienda o una caseta. El precio: 5.000 euros. Es lo que cuesta un utilitario de segunda mano o un año de alquiler en una ciudad media. A cambio se obtienen tres cosas: soledad, vistas y un verano que, avisan los que conocen la zona, pondrá a prueba su resistencia. Por no hablar de que no ha montado aún la cabaña de paneles que tiene amontonada – la llave del paraíso, digamos, está sin estrenar.
Del carrilano al coach: el ciclo de siempre
Dos lecturas dominan. La primera lo define como un carrilano moderno, un verso libre que ha desconectado del relato laboral convencional – incluso con estudios y dinero, elige la tienda. La segunda, más cínica, lo ve en la rampa de salida hacia algo mucho más lucrativo: un curso online sobre cómo “dejarlo todo y vivir en contacto con la naturaleza”. El guion ya está escrito en decenas de influencers que antes de enseñar, pregonaron. Los que apuestan por esta versión recuerdan que la inauguración de una cueva a medio excavar es un gran metraje para un tráiler motivacional.
Una patata a cuatro metros y otros presagios
El avance de las obras es lento. La patata plantada fue desenterrada a una profundidad de cuatro metros – tan abajo que algún comentarista bromea con que sacó petróleo. La cueva avanza sin apuntalar, y los más prudentes avisan de que un desprendimiento es cuestión de tiempo. Mientras tanto, los vídeos espaciaron su frecuencia con la llegada del calor. Que el proyecto siga en pie depende, según suenan las cuentas, de dónde saque realmente el dinero para vivir. Porque lo que se ve en pantalla – 200 euros al mes – no da ni para el forfait de baterías.
Y aquí está la cuestión: a los creadores que viven de su imagen se les perdona la falta de ingresos mientras el espectáculo continúe. Pero cuando la audiencia empieza a notar que el campo se está quedando sin agua, que los perros se comieron la comida y que la excavadora no es más que un azadón, el truco pierde fuelle. Quizá la próxima temporada cambie el decorado: el coach vende primeros capítulos, no desenlaces.