Siemens-Gamesa se hunde un 35,49% y su matriz negocia el rescate
¿Puede una empresa que vende energía renovable perder un tercio de su valor en una sola jornada de bolsa? Puede, y acaba de ocurrir. Siemens-Gamesa se dejó un
35,49% en una única sesión, los bancos le cerraron la financiación y su matriz negocia con el Gobierno alemán un
rescate de 15.000 millones de euros. La energía «sostenible y resiliente» que iba a poner de rodillas a Moscú ha terminado pidiendo dinero público en Berlín. Y la factura no la paga solo quien la genera.
Qué ha pasado con Siemens-Gamesa
El desplome bursátil fue de los que se recuerdan:
35,49% en un solo día. Detrás no hay un susto de mercado, sino una asfixia financiera. Los bancos han cortado el grifo a la filial eólica y la matriz se ha sentado a negociar con el Ejecutivo alemán un rescate de 15.000 millones. Lo resume el titular que ha corrido por el hilo: Siemens pide al Gobierno alemán el rescate de Gamesa al cortar los bancos la financiación.
La cifra no es menor. Para ponerla en escala, hay quien recuerda que en la anterior crisis financiera española bastaron
60.000 millones para que el sistema entero coquetease con el abismo. Aquí hablamos de 15.000 millones en una sola empresa. Y de una empresa que, sobre el papel, fabricaba el futuro.
¿Por qué Siemens culpa ahora a Gamesa de los fallos técnicos?
Porque alguien tiene que pagar las garantías. La matriz ha señalado a la filial española como responsable de los problemas técnicos de sus aerogeneradores, y ahí el detalle escuece: hay quien recuerda que cuando Gamesa operaba por su cuenta el negocio iba como un tiro. Ahora resulta que el producto heredado es el culpable.
El relato técnico que circula es concreto: los compradores
aumentaron la potencia un 25% con un producto nuevo y no contrastado, lo vendieron durante años sin probarlo a fondo y ahora se comen las garantías. Según ese relato, los clientes estarían revisando palas y pernos con radiografías certificadas en busca de fisuras de fatiga. O se alargan las garantías o toca sustituir piezas carísimas. No hay tercera vía barata.
El origen del fallo: vibraciones, masas rotativas y consultoras
El problema tiene nombre de manual. Según la explicación técnica que se dio en el debate, las vibraciones son de origen mecánico y, en el dimensionado de un generador que gira a 50/60 Hz, conviene que las masas rotativas relevantes sean primas entre sí respecto al resto de masas importantes. Un número primo de masas —o de bobinas— no es un capricho de ingeniero aburrido: es lo que evita que las frecuencias se sumen y el conjunto entre en resonancia.
Lo llamativo es quién hacía ese trabajo. Hay quien sostiene que una empresa del tamaño de Siemens debería poder simular cada escenario con personal sénior propio, y que externalizar ingeniería crítica en consultoras cuyo negocio es vender horas de ingeniero —juniors en su mayoría, porque los veteranos huyen— es una temeridad. Un fallo de fatiga en una máquina que tampoco es tan compleja no se arregla con una presentación.
De Navarra a Alemania: la OPA de exclusión
Este final tiene un prólogo español, según el relato que circula entre los participantes. Gamesa nació al calor de una gran eléctrica, creció con ayudas públicas a la fabricación y a la implantación de plantas, y acabó vendida a los alemanes en una operación presentada como
fusión. Antes hubo
OPA de exclusión y salida de la bolsa española: Siemens ya controlaba todo. Quienes siguieron aquel proceso avisaron de que el comprador se estaba llevando un problema, no una joya.
Parte de la conversación deriva hacia el reparto territorial de esas ayudas entre comunidades, terreno donde la discusión se calienta y las cifras escasean. Lo que sí está sobre la mesa, según ese relato, es que dinero público español financió capacidad industrial que acabó en manos alemanas y que ahora se plantea reparar, en parte, con dinero público alemán.
¿Quiebra o rescate? La pregunta trampa
Como señalaba un participante, si hay rescate no hay quiebra, y el propio concepto de insolvencia se queda corto cuando hablamos de compañías que viven de y para el Estado. Lo que hay es una reordenación de deudas con aval público. El escenario más repetido pasa por que la matriz, que según un participante sigue siendo rentable y está muy diversificada, se deshaga del problema endosándolo a un fondo de inversión o a capital riesgo.
El otro frente abierto es la eólica marina. Con plataformas flotantes, subestaciones en entornos hostiles y un OPEX que crece de forma exponencial, la curiosidad razonable es quién mantiene esa infraestructura cuando nadie paga por ello. ¿Cuántos proyectos renovables sobrevivirían sin garantías públicas?
El telón de fondo: tipos altos y deudas que no se refinancian
Nada de esto se entiende sin el ciclo de tipos. Un aviso que llevaba tiempo circulando señalaba que íbamos a ver morir a muchas empresas por incapacidad de refinanciar deuda con el coste del dinero disparado. Siemens-Gamesa no es una pyme, pero el mecanismo es idéntico: cuando el banco cierra el grifo, el tamaño solo retrasa el problema.
Queda el consuelo habitual: siempre habrá un ministro dispuesto a explicar que la operación es estratégica, sostenible y que creará empleo. Lo que no explicará es de quién era el dinero.