No, con longanizas no, pero todavía puedes moverte sin que sea el paraíso de la inmi gración, no como en otros sitios.
Asturias siempre ha sido un erial, al principio la cosa se solucionaba con el hambre que limitaba la población e impedía su crecimiento. Cuando se implantó la patata y el maíz en el siglo XVIII provocó un superávit de masa laboral y empezamos a emigrar masivamente, existen casas de Asturias en La Habana, Buenos Aires, Caracas o México, no han crecido por generación espontánea. La diferencia es que el asturiano es serio, trabajador y suele estar formado, por eso suelen llegar alto. Solamente hemos tenido la excepción del periodo del franquismo y esto nos cundió hasta la llegada del siglo XXI. De mi generación, de los que me rodean, nadie tuvo que emigrar y eso que ya nos habíamos tragado reconversión industrial, privatización estatal y parte de la descarbonización. Con formación y con ganas de trabajar, en Asturias podías vivir y vivir muy bien. Pocos amigos tiraron por lo público, no hacía falta, la mayor parte tiraron de lo privado y ahí siguen. Podría decirse que el éxodo brutal llegó con la burbuja y ahora quien más o quien menos tiene un descendiente o un sobrino trabajando en Düsseldorf, Londres, Lisboa, Oporto, Buenos Aires, Pekín o Madrid. Pero vamos, aquí no llegó el dinero de la deuda emitida en Bruselas y como si llegó a Madrid.
Las paguitas no son exclusivas de los asturianos, no creo que estemos peor que murcianos, extremeños, cazurros, castellanos o gallegos en ningún aspecto. Yo sigo pudiendo sacar al perro por Fomento a las 2 de la mañana sin que me digan nada más que "perro tan bonito" o me pidan acariciarlo. Los peperos tuvieron su ocasión de gobernar en Asturias dos veces pero se pasaron el tiempo en fruta internas, tampoco habrían revertido nada, son todos parte del mismo problema, unos siervos que se han vendido por unas monedas de plata a la UE.
Pero lo dicho y aunque no suene bien, no quiero turismo low cost, estoy hasta las narices de mochilas y campers como tampoco quiero a otros visitantes, tampoco muy deseados y con muchas ganas de imponernos sus costumbres.