Agujero en el peral: el dilema entre cosecha y fauna salvaje
¿Te has encontrado un agujero de 40 centímetros bajo tu peral y lo primero que piensas es meter la manguera para ver qué sale? Pues detente. Esa medida, más propia de un manual de supervivencia decimonónico, no solo es ilegal sino que demuestra un profundo desconocimiento de la fauna ibérica y de la legislación ambiental.
La respuesta más probable: un conejo o una liebre
En las huertas del norte de Asturias, la presencia de conejos es habitual. Pese a la creencia popular de que los gatos los ahuyentan —la vecina tiene 30—, estos animales excavan madrigueras cerca de zonas pobladas. La opción de inundar el agujero con agua para “sacar” al inquilino constituye un método prohibido de caza y control de plagas según la legislación española. Ahogar animales en su refugio está tipificado como maltrato animal y puede acarrear sanciones.
Alternativas sensatas (y legales)
Los expertos —y la lógica— recomiendan usar una cámara de fototrampeo, que cuesta dos duros, para identificar la especie sin interferir. Si es un conejo, la solución pasa por proteger el peral con un cercado o, si se quiere regenerar la línea de sangre de conejos domésticos, capturarlo con métodos selectivos y legales. La fauna salvaje no es un enemigo: los conejos no atacan a las personas; su mayor delito es comerse alguna pera.
La propuesta incendiaria
En el otro extremo, algún iluminado sugiere “meter gasolina, una cerilla y tapar la salida”. Por si no estaba claro: además de ser un delito de incendio, destruiría el ecosistema de la huerta, matando lombrices, insectos benéficos y contaminando el terreno. Afortunadamente, nadie con dos dedos de frente tomaría en serio esa recomendación.
La moraleja es simple: antes de actuar contra lo que no ves, investígalo. Un agujero en la huerta no es una amenaza existencial, sino una muestra de que tu terreno forma parte de un ecosistema vivo. Y si las peras están en peligro, pon una red, no te conviertas en un héroe de western con manguera.