Un tuit viral sostiene que en España ya nadie sabe qué significa la soberanía porque no se exigen disculpas cuando se ofende al pueblo. El concepto, en derecho, designa el poder supremo del Estado, distinto de la dignidad de las personas.
La publicación en X de la cuenta Ma Wukong plantea una tesis que mezcla dos planos. Por un lado, reclama que quien ofenda los sentimientos del pueblo español pida disculpas, tanto a la ciudadanía como a las instituciones. Por otro, sentencia que en España ya nadie sabe qué significa la idea de soberanía. La afirmación tiene gancho, pero confunde dos cosas que el derecho constitucional separa con cuidado.
Qué designa la soberanía en la Constitución
La Constitución Española de 1978 atribuye la soberanía nacional al pueblo español en su artículo 1.2, del que emanan los poderes del Estado. Es un concepto de titularidad y ejercicio del poder político, no un mecanismo para exigir satisfacción cuando alguien se siente ofendido. La soberanía no regula las disculpas: regula quién manda y con qué límites.
El texto constitucional reconoce además la dignidad de la persona en el artículo 10.1, pero esa dignidad se protege por vías concretas, como el derecho al honor. Ninguna de ellas obliga jurídicamente a un tercero a pedir perdón.
Disculpas públicas: cortesía, no soberanía
Exigir disculpas es una demanda legítima en el terreno social y político, y de hecho ocurre. Instituciones y cargos públicos han pedido perdón en España por episodios diversos. Otra cosa es que exista un deber jurídico general de disculparse ante el pueblo por una ofensa difusa: no lo hay.
El tuit convierte una queja razonable, la de que se pidan responsabilidades, en un diagnóstico sobre la pérdida de un concepto técnico. Son dos discusiones distintas y mezclarlas no aclara ninguna.
Por qué el marco importa
La idea de soberanía se invoca a menudo como comodín para exigir desde aranceles hasta gestos simbólicos. Precisión ayuda: la soberanía explica por qué un Estado puede decidir sobre sus fronteras o sus leyes, no por qué un particular debe retractarse. Confundir ambas cosas debilita el argumento de quien reclama respeto.