Lydia Bosch cumple 63 años entre el recuerdo de su juventud y un pasado judicial turbio
Cuando se cumplen seis días de un hilo que acumula 99 respuestas en la Guardería, el nombre de Lydia Bosch vuelve a la conversación. La actriz, que fue azafata del Un, Dos, Tres en los 80 y luego estrella de Médico de Familia en los 90, ha alcanzado los 63 años. El dato, arrancado de un tuit viral que compara su estado actual con su esplendor pasado, ha desencadenado una mezcla de nostalgia y reproches que merece desglosarse.
De azafata a mito erótico: el sello de Chicho Ibáñez Serrador
Lydia Bosch (su nombre real es Lidia Lozano) saltó a la fama como azafata del concurso estrella de TVE. La mano de Chicho Ibáñez Serrador se dejó notar: según un análisis recurrente en redes, el creador del Un, Dos, Tres tenía predilección por las catalanas. Con Bosch y Silvia Marsó como azafatas principales, el programa forjó un icono erótico para toda una generación. Luego llegó Médico de Familia, donde interpretó a Alicia, la enfermera, durante nueve temporadas. Allí, según los datos que han aflorado, ya tenía 33 años cuando la serie empezó, aunque su compañera de reparto que hacía de jefa tenía 26. La moda de los 90, con chaquetas oversize y hombreras, le añadía años, pero eso no impidió que se convirtiera en un referente sexual.
El lado oscuro: denuncias falsas y una condena económica
El hilo no se queda en la nostalgia. Una corriente de comentarios recupera el historial judicial de la actriz. En 2014, una sentencia la obligó a devolver 15.000 euros a su exmarido, a quien había acusado de abusos sexuales a su hija. El ex, arquitecto de profesión, fue absuelto. Además, sus abogadas, entre las que se encontraba Cruz Sánchez de Lara —vinculada a Pedro J. Ramírez—, fueron imputadas en una trama de denuncias falsas de violencia de género. La noticia, publicada por Vanitatis y recogida en el debate, ha reabierto el debate sobre la presunción de inocencia y el uso indebido de la ley contra la violencia machista.
Entre el gerontófilo y el puritano: dos lecturas de un mismo personaje
Las reacciones se dividen. Por un lado, quienes añoran el físico de la actriz y debaten si se conserva mejor que Silvia Marsó o Silvia Tortosa. Por otro, los que la tildan de «falsodenunciadora» y defienden que debería haber sido apartada de la vida pública. Hay quien la defiende recordando su trabajo en la serie y su papel de «mujer hecha y derecha» en Lleno, por favor. Pero la acusación de haber utilizado a su hija como arma en un divorcio pesa más que el recuerdo de sus pícaros anuncios de yogures.
Con 63 años cumplidos, Lydia Bosch encarna la dualidad de un país que venera a sus mitos eróticos juveniles pero que, cuando el mito se desmorona, no perdona. El caso sigue abierto en los archivos judiciales y en la memoria colectiva, y la pregunta que queda en el aire es si nuestro sistema de justicia protege a los falsos acusados o si la presunción de inocencia es solo un eslogan.
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