El 70% de los menores de 34 años vive en casa de sus padres: la trampa de la herencia y el muro demográfico
El dato es demoledor: siete de cada diez españoles menores de 34 años residen en el hogar familiar, según la última oleada del Consejo de la Juventud. Una cifra que no para de crecer desde 2008 y que sitúa a España a la cabeza de Europa en emancipación tardía. Pero no se trata solo de salarios bajos o alquileres imposibles: detrás hay un cóctel de impuestos a la herencia, demografía y un mercado laboral que premia la precariedad.
El factor demográfico que nadie quiere ver
Uno de los cálculos más crudos que circulan sobre el problema señala que entre el 43% y el 47% de los menores de 34 años en España son de origen extranjero (incluyendo nacionalizados y segunda generación). Este grupo, mayoritariamente joven, compite en el mismo mercado de vivienda que los autóctonos, tensando aún más la oferta. La pregunta incómoda es si la política migratoria actual, centrada en la llegada de personas jóvenes, alivia o agrava la presión sobre el stock de vivienda asequible.
La herencia como última esperanza... y el fisco como verdugo
El escenario que dibujan varios análisis es casi kafkiano: padres con 60 años y una esperanza de vida de 15-20 años, hijos treintañeros que heredarán con 50. Pero cuando llegue la herencia, muchos no podrán pagar el impuesto de sucesiones ni la plusvalía municipal, por lo que la vivienda irá a parar al Estado. Un 43% de los jóvenes ni siquiera se plantea independizarse, y solo un 7% ahorra para comprar. La paradoja es que vivir con los padres no garantiza ahorro suficiente cuando los impuestos sobre la herencia son confiscatorios.
Los datos ofrecen pocas salidas a corto plazo. Con un mercado laboral que no genera ingresos estables y un parque de vivienda que se encarece sin freno, la tendencia apunta a que el problema se extenderá a los cuarentañeros. Nadie parece dispuesto a hacer lo que habría que hacer: o se reforma el sistema de herencias, o se construye vivienda pública, o se acepta que la generación millennial será la primera en vivir peor que sus padres.