Veterinarios al límite: uno de cada diez intentó suicidarse en 2025
La profesión veterinaria atraviesa una crisis silenciosa. Según datos del Colegio Oficial de Veterinarios, el 85,15% de los profesionales ha sufrido insomnio por su trabajo y un 32,67% lo padece de forma frecuente o está en tratamiento. La cifra más alarmante: uno de cada diez veterinarios intentó suicidarse en 2025. Las causas son múltiples y se retroalimentan: eutanasias frecuentes, presión de los dueños (cada vez más humanizadores de sus mascotas), burocracia creciente con la implantación del sistema Presvet (Real Decreto 666/2023) y la dificultad para cobrar facturas. Mientras unos señalan que el contacto diario con propietarios que exigen milagros a bajo coste desgasta hasta al más templado, otros reducen el problema a una cuestión de resiliencia generacional. Lo cierto es que ni el salario (muchos no alcanzan los 3.000€ netos) ni el reconocimiento social acompañan.
El peso de la burocracia: Presvet y el papeleo infinito
El Real Decreto 666/2023, que regula la prescripción de antibióticos veterinarios a través del sistema Presvet, ha multiplicado la carga administrativa. Los veterinarios deben registrar cada receta, lo que consume horas que podrían dedicar a la clínica. A esto se suma la presión de los dueños, que a menudo esperan que el veterinario actúe como un servicio público gratuito. "Les obligan a hacerlo sin cobrar, con riesgo de navajazo", resume un análisis de la situación. Los testimonios coinciden: hay quien recibe amenazas si no fía los tratamientos, y quien debe soportar acusaciones de negligencia cuando el animal no se salva.
El trato con los dueños: el verdadero desgaste
"Un veterinario no trata con animales, trata con los dueños de los animales", es la clave que repiten muchos profesionales. Mientras los trabajadores de mataderos –que también matan animales– no presentan tasas de suicidio similares, los veterinarios de clínica pequeña lidian a diario con propietarios que consideran a sus mascotas hijos, que se niegan a pagar o que exigen eutanasias por capricho. La humanización de las mascotas ha disparado la exigencia emocional. "Si al final de mes tienes +3.000€ en la cuenta, se te pasa", ironiza una corriente, pero la realidad es que muchos veterinarios ganan la mitad trabajando más horas.
¿Exageración o crisis real?
No falta quien minimiza el problema: "Que no hubiesen estudiao", "estafar viejas pasa factura" o "los médicos también sufren y no se quejan". Sin embargo, los datos son tozudos: el 10% de intentos de suicidio en un solo año duplica las tasas de la población general. Los defensores de la profesión argumentan que el acceso a fármacos como el pentotal (pentobarbital) facilita el acto, pero la raíz es el estrés crónico. El debate sobre si la generación actual es "de cristal" choca con el hecho de que las condiciones laborales han empeorado: inseguridad laboral, precariedad y falta de reconocimiento.
La pregunta que queda en el aire: ¿cuánto tiempo puede aguantar una profesión esencial sin que el sistema tome medidas? Mientras, los veterinarios siguen durmiendo mal y, en el peor de los casos, viendo la salida más drástica.
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