El relato soberanista de Sánchez se estrella contra Indra
Hay una tesis que circula con fuerza: que el actual presidente del Gobierno es el único dirigente que ha plantado cara a los grandes aliados y ha movido ficha por la soberanía nacional. La compra del
10% de Telefónica para recuperar peso accionarial en la que fue una de las mayores compañías del país, el intento de articular un conglomerado industrial y militar en torno a
INDRA y el rechazo a los aviones de combate del fabricante estadounidense por su precio y sus limitaciones de uso son los tres pilares de ese relato. La discusión que se ha generado alrededor de ese planteamiento es todo menos pacífica.
Telefónica: del monopolio a la compra del 10%
El argumento de partida es que la entrada del Estado en el capital de Telefónica devuelve cierto control sobre una compañía estratégica. La respuesta llega por otro lado: cuando Telefónica era monopolio, recuerdan algunos, había que pagar cuota por una línea, la instalación podía tardar más de un año y las llamadas entre provincias se facturaban con reloj en mano. La comparación sirve para recordar que el control público no siempre se tradujo en mejores condiciones para el ciudadano.
Indra y el conglomerado militar: ¿soberanía o chiringuito?
Aquí es donde el relato se agrieta. Frente a la idea de una capacidad militar soberana construida alrededor de INDRA, aparece la advertencia de que la compañía está a las puertas de ser asimilada y de que quienes trabajan dentro están poniendo las barbas a remojar. La sospecha que se extiende es que el movimiento no responde a un plan patriótico sino a la captura de contratos públicos inflados y secretos. La alternativa que se propone pasa por tirar del INTA y de CASA, donde ya existen capacidades, antes que montar estructuras nuevas donde se cuelan las garrapatas. El cálculo completo de lo que está en juego, partida a partida, es lo que deja la sensación de que el relato oficial no cuadra.
El pulso a la OTAN y a los aviones capados
El tercer pilar es el más celebrado en ciertos círculos: haber dicho no a la compra de aviones de combate estadounidenses por su precio hiperinflado y por incorporar un botón de apagado que limitaría su uso a los intereses del fabricante. La consecuencia, según esa lectura, es que España no podría defenderse de amenazas concretas y solo serviría para misiones en el desierto. Enfrente está el dato de que el compromiso de gasto militar con la OTAN no se ha roto y que la supuesta excepción española al 5% no existe. La foto internacional queda, como mínimo, desenfocada.
El balance: soberanía, dependencia y el enemigo dentro
El retrato se completa con los flancos abiertos: la renuncia al protectorado del Sáhara Occidental con sus reservas de fosfatos, la apertura de la verja sin contrapartidas y la posición ante los conflictos internacionales. Hay quien sostiene que España ha ganado imagen entre los países que van a cortar el bacalao y quien responde que la dependencia de los grandes bloques no ha hecho más que crecer. El punto donde el análisis se atasca es siempre el mismo: si el enemigo está fuera o dentro, y si algún partido mira de verdad por los intereses del país.
Datos clave del asunto
- El Estado ha recomprado el 10% de Telefónica para retomar parte del control accionarial.
- El proyecto industrial y militar se articula en torno a INDRA.
- El rechazo a los aviones estadounidenses se justifica por su precio y por un supuesto botón de apagado.
- La supuesta excepción española al 5% de gasto militar de la OTAN no se sostiene.