El negocio del fuego: ¿quién gana cuando arde el monte?
Cada verano, España arde. Más de 500.000 hectáreas quemadas en la última década, pero el debate no se centra solo en el cambio climático o la falta de medios. Una corriente de análisis apunta a un entramado económico que se lucra con los incendios: desde ganaderos que queman para pastos hasta empresas de extinción que facturan millones. ¿Paradoja? El país gasta cifras récord en prevención y extinción, pero los grandes incendios no dejan de repetirse.
Los intereses tras la tierra quemada
La tesis principal de este enfoque es que ciertos colectivos rurales provocan fuegos de forma intencionada. Se señala a ganaderos extensivos que, al incendiar montes, generan pastos frescos subvencionados sin coste de pienso. También a empresas de silvicultura que obtienen contratos millonarios para talar árboles en zonas quemadas o para «limpiar» montes, y a las propias cuadrillas de extinción, que facturan horas y equipos. El fuego, según este argumento, se ha convertido en un sector económico más, con sus propias mafias y extorsiones a la administración.
Los críticos con esta visión la tachan de conspirativa y recuerdan que el 80% de los incendios son provocados, pero por motivos muy diversos: quemas agrícolas no controladas, negligencias, venganzas, especulación urbanística o simplemente pirómanos. Sin embargo, admiten que el modelo de gestión forestal español –con una burocracia que dificulta la limpieza de montes– crea un caldo de cultivo.
La otra cara: falta de gestión y culpa al ecologismo
En el lado opuesto, hay quienes sostienen que el verdadero problema es el «fanatismo climático» que impide actuar preventivamente. La legislación ambiental, argumentan, paraliza las labores de desbroce y tala controlada, acumulando combustible vegetal que luego arde sin control. Citan ejemplos de dehesas tradicionales que ardieron menos que los pinares densos sin manejo. Para esta postura, la solución pasa por recuperar el cuidado del monte: pastoreo, cortafuegos, permisos ágiles para talar y limpiar. «Los incendios se apagan en invierno», repiten.
Datos que encienden el debate
Según datos del Ministerio, España invierte más de 1.000 millones de euros anuales en extinción, pero solo un tercio en prevención. Mientras, el número de grandes incendios (>500 ha) no deja de crecer en los últimos años. Forzar la relación causal es arriesgado, pero la pregunta queda: ¿por qué, con más medios que nunca, el fuego arrasa igual?
Un país que arde, un debate que no se apaga
Más allá de las acusaciones cruzadas, el fondo del asunto es económico y de modelo territorial. ¿Debe el monte ser un recurso explotado o un ecosistema protegido? ¿Pueden coexistir la rentabilidad ganadera y la conservación? Lo único seguro es que mientras haya intereses detrás –y combustible acumulado–, el riesgo de incendio seguirá siendo moneda corriente. La pregunta que sobrevuela es si realmente queremos apagar el fuego o solo gestionar sus beneficios.