Rumanos y ucranianos se van mientras el PIB sonríe
La economía española crece un 2,7% interanual, el triple que la zona euro. La ocupación bate récords y la prensa internacional se rinde. Sin embargo, la salida de ciudadanos rumanos y ucranianos se intensifica, con un matiz incómodo: el mismo fenómeno se observa en la comunidad china, con comercios cerrando en barrios y ciudades de medio país.
El espejismo del macro frente al bolsillo
El problema es que el PIB no se come ni paga hipotecas. Los salarios reales están estancados: han crecido un 2,7% en los últimos 30 años, según las series comparadas. Mientras tanto, el precio de la vivienda ha subido muy por encima de los sueldos, y la renta per cápita no termina de despegar. La distancia entre el titular macro y la experiencia cotidiana se ha vuelto tan abismal que quienes tienen movilidad geográfica la usan.
Hay un dato que resume la decadencia: quienes se van no son los que peor están, sino aquellos que aún pueden elegir. La fuga de trabajadores del Este, y también la de comerciantes asiáticos, no es un problema de flujo demográfico, sino un síntoma de que la economía real no sostiene a las clases medias.
¿Hasta cuándo se sostiene el relato?
La apuesta por un crecimiento apoyado en sectores de bajo valor añadido y en el turismo tiene fecha de caducidad. Si los que se van son precisamente los que tienen iniciativa, la sangría se notará antes en el emprendimiento que en las estadísticas de empleo. El día que la prensa internacional descubra que el récord de ocupación convive con la mayor pérdida de poder adquisitivo de la última década, el ajuste de cuentas será rápido.
De momento, la incógnita es cuántos aguantarán. La historia reciente sugiere que la mano de obra va donde el salario llega, y España, con precios de vivienda disparados y sueldos congelados, no está en esa lista.