Los robots corren, bailan y hacen kung-fu, pero se atascan en una fábrica

Los robots corren, bailan y hacen kung-fu, pero se atascan en una fábrica
RESUMEN

Aunque los robots humanoides chinos baten récords de velocidad y realizan proezas físicas, su aplicación en fábricas se ve limitada por su lentitud en tareas manuales, problemas de destreza y dificultad para adaptarse a imprevistos.

Los robots humanoides están cada vez más presentes en demostraciones espectaculares, capaces de correr más rápido que un humano, bailar e incluso ejecutar movimientos de kung-fu. Sin embargo, cuando se trata de aplicarlos en el entorno de una fábrica, la realidad dista mucho de estas exhibiciones. A pesar de sus avances físicos, estas máquinas todavía se atascan en tareas cotidianas, trabajando a un ritmo considerablemente más lento que las personas y mostrando limitaciones en su destreza y autonomía ante cualquier imprevisto.

La paradoja de la velocidad: más allá de la meta

Los recientes Juegos Mundiales de Robots Humanoides en Pekín dejaron patente esta dualidad. Un robot humanoide chino, TianGong Ultra, logró un hito asombroso al recorrer 100 metros en 8,64 segundos, superando el récord mundial humano de Usain Bolt (9,58 segundos) establecido en 2009. Si bien la comparación tiene sus matices, como la ausencia de tacos de salida y la mecánica de pasos más cortos y rápidos del robot, la marca es un indicador del progreso en la capacidad física de estas máquinas. Los humanoides chinos ya no solo corren, sino que también bailan, practican boxeo, levantan pesos y ejecutan complejas coreografías, llegando incluso a simular combates con humanos.

Sin embargo, la transición del espectáculo al trabajo revela sus debilidades. Las mismas competiciones que mostraron la velocidad de los robots también evidenciaron problemas de control. Grabaciones posteriores a las carreras mostraron cómo algunos humanoides continuaban avanzando sin poder detenerse correctamente, perdían el control de su trayectoria o terminaban chocando contra las protecciones o cayendo al suelo. Estos incidentes, junto con numerosos choques y fallos durante las exhibiciones, ponen de manifiesto que la velocidad no se traduce automáticamente en una comprensión del entorno ni en una reacción adecuada. La diferencia se agudiza drásticamente cuando el escenario es una fábrica.

El ritmo de la fábrica: un desafío para los humanoides

Una visita a un centro de entrenamiento de robots en Liuzhou, al sur de China, revela la otra cara de la moneda. Allí, más de un centenar de humanoides aprenden tareas aparentemente menos glamurosas, como clasificar cajas, empaquetar fideos o preparar café. El proceso de aprendizaje para estas máquinas es arduo. Los trabajadores humanos utilizan gafas y controladores con sensores para realizar las tareas mientras los robots reproducen sus movimientos y recopilan datos. Según informes, un trabajador sin experiencia puede necesitar hasta 300 intentos para obtener una muestra de movimiento válida, mientras que un entrenador experimentado requiere unas 50.

Una vez entrenados, la brecha con el rendimiento humano sigue siendo significativa. Se ha observado que los humanoides tienen dificultades para transportar y colocar cajas de manera eficiente, y testimonios de trabajadores del centro estiman que algunas de estas tareas se realizan a un ritmo de aproximadamente el 20% del que alcanzaría un humano. La complejidad de una cadena de producción difiere enormemente de la ejecución de una coreografía. Mientras un baile se ensaya en condiciones controladas y repetitivas, en una fábrica, una caja puede estar ligeramente desplazada, una pieza girada, un cable doblado de forma inusual o una persona puede cruzarse inesperadamente en el camino. La capacidad de adaptarse a estas variaciones es donde los humanoides aún flaquean.

La complejidad de las manos: el gran obstáculo

Gran parte de los avances en robótica humanoide se han centrado en el cuerpo: motores más pequeños y potentes, articulaciones mejoradas, sistemas de equilibrio y coordinación para movimientos rápidos. Sin embargo, tener una forma humanoide no implica poseer la misma destreza. Las manos representan uno de los mayores desafíos. La acción de coger una simple taza, por ejemplo, requiere identificar su posición, calcular la fuerza precisa para levantarla sin dañarla, detectar si se desliza y ajustar la presión de los dedos en tiempo real.

Este problema no es exclusivo de China. Elon Musk, CEO de Tesla, reconoció recientemente que el desarrollo de las manos para Optimus, el robot humanoide de su compañía, sigue siendo un "problema muy complejo de resolver". Lograr que un robot corra a gran velocidad parece más factible que conseguir que manipule cientos de objetos diferentes con precisión y sin errores. La industria busca ahora lo que se denomina "embodied AI" o inteligencia incorporada, la capacidad de trasladar las habilidades de la inteligencia artificial al mundo físico para que los robots puedan percibir, comprender, decidir y ejecutar acciones de manera autónoma y correcta. Proyectos en España, como ADAM de la Universidad Carlos III de Madrid, exploran el aprendizaje por observación para imitar tareas humanas, demostrando el interés en dotar a los robots de esta capacidad de imitación y adaptación.

El mercado actual: una realidad en perspectiva

Las impresionantes demostraciones y anuncios de robots humanoides pueden dar la impresión de una adopción masiva inminente. Sin embargo, las cifras del mercado ofrecen una perspectiva más moderada. La Federación Internacional de Robótica (IFR) ha publicado datos que indican que durante todo 2025 se vendieron aproximadamente 7.000 robots humanoides para aplicaciones industriales y servicios profesionales a nivel mundial. Esta cifra contrasta drásticamente con los alrededor de 542.000 robots industriales convencionales instalados en el mismo año.

Además, una parte considerable de esos 7.000 humanoides no se destina a tareas productivas directas. Muchas de estas unidades son adquiridas por universidades, centros de investigación y empresas para recopilar datos y perfeccionar modelos de inteligencia artificial. Los fabricantes de automóviles, por ejemplo, están experimentando con ellos en proyectos piloto con un número limitado de unidades. No obstante, existen despliegues reales. Figure AI, por ejemplo, anunció este año que sus robots F.03 habían superado las 200 horas de funcionamiento continuo, clasificando cerca de 250.000 paquetes.

La cuestión de si los robots deben tener forma humana sigue siendo un debate abierto. Las fábricas llevan décadas utilizando máquinas especializadas para soldar, pintar o ensamblar componentes sin necesidad de parecerse a nosotros. La ventaja de un humanoide en un entorno industrial tradicional es que podría utilizar herramientas, escaleras o estaciones de trabajo ya existentes sin necesidad de rediseñar toda la infraestructura. Sin embargo, para Jordi Pelegrí, responsable de Universal Robots en España y Portugal, las prioridades en un entorno industrial son "las funciones por encima de la forma". Él plantea si invertir en dos piernas es más eficiente que unas ruedas para el transporte rápido y seguro, o si múltiples articulaciones son necesarias cuando un brazo robótico puede resolver la tarea. Pelegrí sugiere que los humanoides son, por ahora, demasiado generalistas, costosos y complejos para muchas aplicaciones industriales, mientras que tareas repetitivas pueden ser cubiertas por cobots y movimientos internos por robots móviles autónomos. La forma humana, sin embargo, podría tener utilidad en sectores como la sanidad o la hostelería, donde la interacción cara a cara es clave, o en fábricas diseñadas para trabajadores humanos.

Datos clave
  • 8,64 segundos tardó el robot TianGong Ultra en recorrer 100 metros.
  • Se estima que algunas tareas se realizan al 20% del ritmo de un humano.
  • Se vendieron aproximadamente 7.000 robots humanoides en 2025 a nivel mundial.
  • 542.000 robots industriales convencionales se instalaron en 2024.
  • Figure AI superó las 200 horas de funcionamiento continuo con sus robots.
Fuente: 20minutos.es
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