Los recortes en extinción de incendios: promesas incumplidas y 1.200 hectáreas devoradas
El pasado 21 de mayo, Pedro Sánchez presentaba en Torrejón de Ardoz la campaña contra incendios con un anuncio estrella: la incorporación de 15 aviones anfibios a la flota aérea. Dos meses después, ni uno solo está operativo. Mientras, el fuego arrasa miles de hectáreas. En El Cerro de Andévalo (Huelva) ardieron 1.200 hectáreas apenas un mes después de que el Gobierno autorizara la instalación de placas solares en la misma zona.
La capacidad aérea, bajo mínimos
El Ministerio del Interior insiste en que los medios «son suficientes». Pero la realidad es tozuda: los hidroaviones disponibles están obsoletos y averiados —el propio Gobierno lo sabía desde hace cuatro años, según informaciones de Okdiario— y no se ha ejecutado la inversión necesaria. La flota estatal está por debajo de mínimos históricos, lo que convierte la extinción en una misión casi imposible sin apoyo aéreo.
Frente a esto, los fondos europeos para modernización apenas se han utilizado. Un usuario del foro calculó que los recortes presupuestarios en lucha contra incendios rondan el 50%. Las comparaciones son odiosas: mantener los aviones Falcon de la flota oficial cuesta tres veces más que lo destinado a hidroaviones, según The Objective.
Ayudas a Marruecos y polémica con la UME
Mientras los medios aéreos escasean, el Gobierno transfirió en marzo 340 millones de euros a Marruecos para obras hídricas. Con esa cantidad se podrían haber adquirido hasta siete aviones anfibios nuevos. La decisión levanta ampollas en un momento en que los incendios se multiplican.
Más grave aún: el teniente alcalde de Pedro Bernardo (Ávila) aseguró que la UME recibió la orden de no intervenir en ciertos incendios, limitándose a desalojar a los vecinos para que no vieran la inacción. Declaraciones que, de ser ciertas, apuntarían a una omisión de socorro.
El debate sobre la prevención forestal
No todo es culpa del Gobierno central. Las competencias en extinción son municipales o autonómicas en primera instancia. Pero la normativa medioambiental —de ámbito estatal— impide labores básicas de prevención: desbrozar el sotobosque, limpiar cauces o recoger leña. El resultado es un combustible vegetal acumulado que convierte cualquier chispa en incendio descontrolado. La izquierda ecológica, que impulsó esas restricciones, se lava las manos cuando arde el monte.
Un Falcon cuesta más que un avión de incendios
El presidente Sánchez multiplica su uso del Falcon para desplazamientos que, en muchos casos, podrían hacerse en tren o vuelo comercial. Mientras, los pilotos de los hidroaviones denuncian falta de repuestos y horas de vuelo. El contraste no puede ser más sangrante: quien tiene que apagar el fuego vuela en aviones de los años 80, y quien debería gestionar la crisis vuela en jets de lujo.
Con los termómetros batiendo récords y las previsiones de incendios extremos para los próximos años, las preguntas se acumulan. El Gobierno insiste en que los medios son suficientes; los datos dicen lo contrario. Y en las próximas semanas, cuando el calor apriete de verdad, veremos si las llamas o la propaganda son más convincentes.