Prostitución vs. ligar: la cuenta de resultados que no cuadra
En plena era de las aplicaciones de citas, la insatisfacción con el cortejo tradicional lleva a algunos a hacer números: pagar 30 euros por 15 minutos de sexo sin compromiso frente a gastar horas y dinero en bares, viajes y cenas con resultado incierto. El debate sobre si es más racional acudir a la prostitución que al mercado «gratuito» de las relaciones se ha reabierto con crudeza, y los cálculos son tan fríos como el asunto lo permite.
La tarifa del tiempo y el dinero
Una corriente de análisis reduce la cuestión a un mero balance: el coste de oportunidad de salir de copas, «perdiendo el tiempo en discotecas y actividades diversas, gastándose miles de euros con los años» se compara con la inmediatez de un servicio tasado en 30 euros. Un participante cifraba su coste mensual en 120 euros (una sesión semanal), cantidad que para algunos es menor que lo que se gasta en una sola noche de «cortejo». La clave está en el valor del tiempo: «a las putas vas a que te saquen el veneno», reza una máxima, mientras que el ligue convencional implica un proceso que no siempre culmina.
El grupo de los que prefieren la eficiencia
Frente a la tolerancia social que considera «triste» pagar por sexo, hay quien defiende que es la opción sensata para quien tiene dificultades sociales o simplemente valora su tiempo. Un usuario argumentó: «se pueden pasar años sin tocar una teta en años, y aún nos dicen que el perdedor es el que paga 30 euros». La lógica es darwiniana: si el mercado de pareja te penaliza —por falta de atractivo, habilidades sociales o recursos— la prostitución es un sustituto eficiente. Incluso se establecen jerarquías internas: los que fidelizan a «putas de confianza» frente a los que rotan cada semana, buscando cantidad a bajo coste.
La condena moral y el estigma
La otra cara del debate es abiertamente crítica: se acusa a los clientes de ser «desechos genéticos» sin opciones, y se argumenta que quien puede ligar gratis lo prefiere. «A las putas les dan asco porque veo el perfil de sus clientes», resume una opinión minoritaria pero firme. La discusión deriva hacia la corrección política: «por la puta corrección política no puedes decir» que pagar es más eficiente, según uno de los defensores. Lo que nadie discute es que, independientemente del juicio moral, existe un mercado perfectamente definido con precios y servicios —desde los 30 euros del «exprés» de 15 minutos hasta tarifas más elevadas con «palique» añadido.
Una paradoja del mercado
La contradicción final surge cuando se observa que, pese a la supuesta superioridad económica de la prostitución, la mayoría de los hombres siguen intentando el camino tradicional. ¿Es una cuestión de orgullo, de deseo de validación, o simplemente de que los números no capturan todo el valor? El coste de oportunidad de la autoestima no está en ninguna hoja de cálculo.