Los Protocolos de Toronto: el plan masónico que resurge 1252 días después
Hay quien sostiene que existe un plan maestro trazado por élites masónicas para acabar con los Estados-nación, eliminar la conciencia cristiana y establecer un gobierno mundial bajo un Nuevo Orden. Los llamados Protocolos de Toronto, filtrados por el investigador canadiense Serge Monast, serían la hoja de ruta. El documento, que data de 1967 y 1985, circula desde hace años en circuitos conspirativos, pero un hilo en la red lo ha reactivado con nuevas conexiones a la Agenda 2030 y el Proyecto Blue Beam de la NASA. Este artículo analiza las afirmaciones, los datos disponibles y las controversias.
¿Qué son los Protocolos de Toronto?
Según la transcripción difundida, en junio de 1967 un grupo autodenominado «6.6.6.» se reunió en Toronto para planificar la infiltración en los sistemas educativos, el desmantelamiento de la enseñanza de religión, historia y propiedad privada, y la creación de servicios de protección de menores como herramienta de control. Dieciocho años después, en 1985, el mismo grupo volvió a reunirse para ultimar los pasos hacia la caída de los Estados-nación y la toma del poder a través de la ONU. El texto incluye instrucciones para reemplazar a los jubilados por «ordenadores» (hombres-máquina) y depurar policías y militares con conciencia ocristianaocristianaocristianaocristiana. Todo bajo el lema «Ordo ab Chao».
Serge Monast y el Proyecto Blue Beam
Monast, que publicó estos documentos en los años 90, también alertó sobre el Proyecto Blue Beam de la NASA: un plan de cuatro fases que, según él, emplearía terremotos artificiales, falsos descubrimientos arqueológicos y hologramas para imponer una religión New Age con el anticristo a la cabeza. El hilo recupera un artículo de Monast de 1994 donde describe cómo se utilizaría una «esa época en el 2020 de la que yo le hablo alien» para sustituir al cristianismo. Aunque la NASA niega la existencia de Blue Beam, el relato ha sido ampliamente replicado.
De la Agenda 2030 a la Agenda Alien
Los seguidores de esta teoría vinculan los Protocolos de Toronto con la Agenda 2030, el transhumanismo y la reciente obsesión por los ovnis. El hilo señala que términos como «blanco» se usan como eufemismo para «cristiano», y que la narrativa alienígena de los Nefilim y Anunnaki es una tapadera masónica. También mencionan un estudio del Parlamento Europeo sobre implantes de chips, así como la presunta programación de la DANA de Valencia en la serie «Respira» de Netflix. Para los creyentes, todo es parte de un mismo plan.
Críticas y escepticismo
No todos aceptan la autenticidad de los Protocolos. Algunos señalan que el término «ocristianoocristianoocristianoocristiano» es un anacronismo para los años 60, lo que sugiere una falsificación. Otros argumentan que la guasonería real es una red de contactos para medrar profesionalmente, no una secta satánica. El propio hilo contiene voces que lo tachan de «fake» y «para badulaques». La falta de verificación independiente y el uso de fuentes no contrastables debilitan la credibilidad del documento.
En cualquier caso, la difusión de estos textos revela la persistencia de un imaginario que ve conspiraciones ocultas tras cada crisis. Mientras no haya pruebas concluyentes, los Protocolos de Toronto seguirán siendo lo que siempre han sido: un alegato apocalíptico que unos toman como profecía y otros como mera propaganda.