Profesores españoles: más horas que la OCDE y sueldos por encima de la media, pero PISA se hunde
Los profesores españoles de secundaria imparten 1.053 horas lectivas al año, 144 más que la media de la OCDE y 201 más que la de la UE25. Su salario reglamentario en segunda etapa de secundaria alcanza los 57.758 dólares en paridad de poder adquisitivo, frente a los 53.456 de media de la OCDE. Es decir, trabajan más horas y cobran más que sus homólogos europeos. Sin embargo, el informe PISA sigue en caída libre. La pregunta es inevitable: ¿de dónde viene la demanda de menos horas y más dinero?
Hay quien sostiene que los profesores son unos vagos que aprovechan los puentes, las vacaciones y las huelgas para no dar clase. Pero los datos de la OCDE desmontan esa caricatura. Cuando piden reducir horas, no están pidiendo bajar de la media europea, sino acercarse a ella. Y cuando piden más dinero, no es porque cobren poco en términos absolutos, sino porque tardan 39 años en llegar al tramo más alto de la escala salarial, uno de los recorridos más lentos del mundo desarrollado.
El problema real parece estar en otra parte. La burocracia administrativa ha convertido al docente en un gestor de papeles, con cada vez menos tiempo para enseñar. La autoridad del profesor se ha erosionado hasta el punto de que muchos se convierten en asistentes sociales. Y los padres, que deberían ser los primeros educadores, a menudo delegan toda la responsabilidad en la escuela. A eso se suma un déficit grave: más de la mitad de los nuevos profesores de matemáticas en enseñanzas medias no son matemáticos. Con esos mimbres, es difícil tejer un sistema educativo competitivo.
Algunos análisis apuntan a que la composición del alumnado, con una mayor presencia de estudiantes de origen inmigrante, influye en los resultados de PISA. Pero esa variable no explica el desplome generalizado, ni la brecha con países como Finlandia o Corea. La realidad es que el sistema educativo español lleva años en crisis, y los profesores son el chivo expiatorio perfecto.
Mientras tanto, la demanda de más recursos y menos horas sigue sobre la mesa. Y el informe PISA, como un termómetro implacable, no deja de marcar fiebre. ¿Es el profesorado el problema, o es el sistema que los rodea? La respuesta, como casi siempre, es más compleja de lo que parece.