El cambio de sexo dispara los problemas mentales: lo que dice el nuevo estudio finlandés
Un estudio publicado en la revista Acta Paediatrica, que analizó datos de adolescentes y adultos jóvenes que contactaron con unidades de género en Finlandia entre 1996 y 2019, concluye que quienes se sometieron a una reasignación de sexo experimentaron un empeoramiento notable de su salud mental. La investigación, recogida por The Objective, contradice el relato oficial de que la transición médica es la solución para la disforia de género.
¿Qué dice la ciencia sobre los efectos psicológicos de la transición?
El estudio finlandés no es el primero en señalar esta tendencia. Datos de otros países ya apuntaban a que las tasas de suicidio y depresión post-transición son alarmantemente altas. En el hilo de discusión, se menciona que más del 50% de los hombres que se someten a orquiectomía terminan suicidándose. Aunque la cifra puede ser discutible, el consenso entre los críticos es que la cirugía y las hormonas no resuelven el malestar subyacente, sino que a menudo lo agravan.
Una corriente de análisis sostiene que la transición médica es una solución imposible: quien busca ser algo que no es, al conseguirlo, se enfrenta al vacío y a la irreversibilidad. Otros apuntan a la autoginefilia como explicación de muchos casos en hombres, y al adoctrinamiento de menores por parte de padres narcisistas o ideologías que niegan la biología.
La contradicción del constructo social
Resulta paradójico que la misma corriente que defiende que el género es un constructo social termine recurriendo a hormonas y bisturí para ajustar el cuerpo a estereotipos de género. Si el género es una invención cultural, ¿por qué mutilar el cuerpo? Esta contradicción no pasa desapercibida entre los analistas del debate, que ven en la transición una caricatura del sexo opuesto, no una liberación.
La política detrás de la ciencia
La decisión de la OMS en 2019 de eliminar la transexualidad del catálogo de enfermedades mentales es presentada por algunos como un logro contra el estigma, pero los críticos señalan que fue una decisión política, no científica. Los propios psiquiatras que votaron el cambio reconocieron que se trataba de reducir el estigma, no de modificar la evidencia. Esto abre la puerta a que los estudios que muestran resultados negativos sean ignorados o censurados.
El caso del celador de Olot: un ejemplo extremo
El debate también menciona el caso del celador de Olot, condenado por asesinar a 11 ancianos, que inició un cambio de sexo en prisión y fue trasladado al módulo de mujeres. Este caso, aunque extremo, ilustra cómo la ideología de género puede ser instrumentalizada para eludir consecuencias, generando un profundo escepticismo sobre la sinceridad de algunas transiciones.
La pregunta que queda en el aire es: ¿cuántos de los que transicionan realmente mejoran su vida? Los datos del estudio finlandés y la experiencia clínica sugieren que la respuesta es mucho menos optimista de lo que se divulga.
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