La calidad de los muebles se hunde: adiós a la gama media
En las últimas décadas, los muebles han pasado de ser bienes duraderos a objetos casi desechables. Un mueble de salón estándar comprado hoy —con sus cuatro tablas rectas, sin curvas ni molduras— difícilmente superará la década sin desmoronarse. Mientras ordenadores, sofás y televisores han mejorado, el sector del mueble ha retrocedido tres pasos atrás.
El mito de la mejor calidad actual
Hay quien defiende que la calidad de los muebles actuales es superior, solo que los buenos son caros. Pero el dato no cuadra: la gama media —la que consumía la clase media— ha desaparecido. Lo que antes era un mueble de aglomerado con refuerzos y un diseño cuidado se ha convertido en planchas finas sin apenas estructura. La madera maciza se ha refugiado en el lujo, con precios prohibitivos para la mayoría.
La desaparición de la clase media también en los muebles
El análisis económico apunta a la obsolescencia programada y a la inflación de expectativas. Por el precio de un sofá decente en los años 90, hoy se obtiene un armazón de aglomerado tapizado en tela de baja calidad. La alternativa pasa por el mercado de segunda mano, donde aún se encuentran auténticos tesoros de madera maciza a precios razonables. Pero eso requiere tiempo y conocimiento.
El efecto dominó en otros sectores
El fenómeno no es exclusivo del mueble. Coches, ropa, electrónica: la gama media ha muerto. La producción china ha democratizado el consumo permitiendo a cualquiera aparentar lujo con poco dinero, pero a costa de durabilidad. Mientras, los fabricantes europeos se repliegan hacia el premium. El consumidor medio paga más a largo plazo por sustituir constantemente productos de baja calidad.
Lo que el debate no resuelve es si esta dinámica es sostenible o si, como ocurre con los coches, la factura acabará pasando factura al bolsillo del español medio.
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