Nacieron sin internet y maduraron precarios: la paradoja millennial
La idea de que los millennials son la generación más afortunada de la historia se sostiene sobre una única ventaja: haber nacido a sustancia ilegal entre el mundo analógico y el digital. Nada más. La cohorte que hoy ronda los 40 y 50 años estudió sin ordenador, consiguió su primer empleo por un anuncio en prensa y de pronto se vio envuelta en una economía donde la IA promete eliminar el trabajo en tres años.
Ese privilegio, sin embargo, es patrimonio del Occidente desarrollado. En Corea del Norte, el África subsahariana o la India rural no existe ningún mundo paralelo; hay una sola realidad, la de la violencia y la falta de oportunidades. Y aun en los países ricos, la promesa meritocrática se segarro: los másters se devalúan, como demuestra el de eventos deportivos que no da para vivir, y la depresión asoma como la otra cara de una generación educada para lo imposible.
Así que la pregunta queda en el aire: ¿generación afortunada o generación engañada? Quizá la única certeza es que esta es la primera promoción que alcanza la madurez en una revolución tecnológica y le toca pagar la factura. El relato del mejor de ambos mundos puede ser, sencillamente, el peor de ninguno.