Ceuta: militares detienen migrantes sin orden judicial y sin miramientos
El camión militar acaba de llegar a la playa. Un migrante aprovecha un descuido, rompe el cerco y echa a correr hacia las escaleras. Los legionarios salen tras él pidiendo a los periodistas que lo corten. El hombre escapa. La escena, relatada por El Mundo, ocurre junto al espigón de los almacenes San Pablo, uno de los puntos de Ceuta donde el Ejército concentra a los migrantes localizados antes de conducirlos a la frontera con Marruecos.
El dispositivo militar en Ceuta
Allí permanecen sentados contra el muro, rodeados de legionarios, a la espera de una expulsión que no pasa por ningún juez. La operación, enmarcada en la respuesta a la última oleada de llegadas, ha reabierto un debate incómodo: ¿hasta dónde puede llegar el Estado para frenar la inmigración irregular?
La frontera entre seguridad y derechos
Hay quien considera que el Ejército solo hace su trabajo y que la paciencia social se ha agotado. «Por fin hace algo el ejército», dicen unos. Otros van más lejos y ven en estas detenciones un estado de excepción encubierto, una deriva que comparan con los GAL. Las organizaciones humanitarias, por su parte, denuncian que se criminaliza a quien huye y que las formas importan: no se puede tratar a personas como mercancía.
El dato que descoloca: el migrante que escapó no fue detenido. En cuestión de segundos, todo el dispositivo se mostró vulnerable. Si el objetivo era ejemplarizar, el mensaje fue justo el contrario.